El Crack 2

Por Eduardo Boix

Intento volver a ver ciertas películas con los ojos del niño que fui. He tenido la suerte de vivir en una familia que me ha dado la plena libertad de buscar mi propio mundo interior fuera de sus convicciones y creencias. La niñez es la etapa de un ser humano que más marca. Siempre acabas memorando esos días en que tu mayor preocupación era llevar los deberes hechos a clase. La infancia tan recurrente en mi literatura es uno de los rincones más complejos del ser humano, es un folio en blanco con mucho que llenar. El otro día volví a ser un niño viendo la película de Garci El 2. Si has visto la primera el argumento es similar. El detective Areta acepta un caso recomendado por su antiguo comisario, el abuelo. El nuevo cliente, llamado Miguel Sampedro, es un hombre homosexual maduro, antiguo compañero de estudios del comisario, cuya pareja de 20 años acaba de abandonarle, y quiere saber si hay otro hombre de por medio.

Areta con la colaboración de su ayudante Cárdenas (alias el moro) organiza un seguimiento de Alfonso Leiva, el médico pareja del cliente contratante. Tras varios días de investigación Areta comunica a su cliente que no hay ningún otro hombre en la vida de Leiva, que lleva una vida ordenada y sin salir por las noches salvo para ir al psiquiatra un par de veces a la semana, cosa que sorprende a su compañero, y tener un breve encuentro junto al Templo de Debod al parecer para mantener una discusión. Además le dijo que tenía una caja en un banco con una fuerte cantidad de dinero en sellos, monedas antiguas y gemas.

Poco tiempo después aparece la pareja muerta violentamente, la policía cree que se trata de un crimen pasional, que Leiva mató a su compañero de un golpe y luego se suicidó, pero Areta está convencido de que se trata de un asesinato doble. El abuelo le pide que investigue el asunto y aunque en principio Areta se niega termina haciéndose cargo de él después de que dos individuos irrumpieran en su oficina le dieran una paliza al moro y destrozaran la oficina dejando la advertencia de dejar a los muertos en paz. Ahí comienza su verdadera investigación.

Las dos películas que hicieron que viésemos a con otros ojos deberían reivindicarse como dos obras maestras. El cine de Garci de esos años es muy notable. Destaco Las dos películas de El Crack y Las verdes praderas. Su cine de la época es un claro resumen de lo que fue la transición. Mi infancia se podría resumir en esa oscuridad y ese recelo de una etapa tan convulsa como fueron los años 80. Y sigo emocionándome con las imágenes de aquel Madrid que tan bien refleja Garci.

 

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