Una casa para Bernarda Alba

Por Eduardo Boix

Los siguen siendo los grandes desconocidos de esta sociedad. Cada día más en nuestro mundo multicultural, gentes de distintas razas se mezclan y conviven, pero sigue habiendo un gran rechazo hacia la raza . La España del euro les sigue viendo como una amenaza. Recuerdo que en el colegio, hablo de los años 80, pude leer en un diccionario que los eran antropófagos, aun hoy mucha gente coge fuerte de la mano a sus hijos cuando pasan por delante de alguno de ellos.

El pasado domingo 8 de abril en el programa Documentos TV, proyectaron el documental “Una casa para Bernarda Alba”. El grupo de teatro Atalaya-–que cuenta con el Premio Nacional de Teatro- iniciaron el proyecto ‘Teatro Imarginario’ para trabajar con diferentes sectores marginales de la sociedad, visitaron una por una todas las chabolas de El Vacie buscando las ocho mujeres que interpretasen la obra de . Un verdadero reto ya que casi ninguna de las mujeres sabía leer ni escribir, pero ha sido una experiencia única recompensada incluso con premios.

El documental nos muestra la cara y la cruz de estas mujeres. Ellas no comen del teatro, siguen comiendo de la chatarra. Una de ellas expresa como se sentía mal cuando se iba de gira, porque ella dormía en una cama caliente y sus hijos estaban con el agua hasta las rodillas debido a la lluvia. Después de viajar, volar por primera vez, conocer ciudades y gentes y asomarse a un mundo diferente, vuelven a sus vidas y sus chabolas, donde las necesidades siguen siendo las mismas. Incluso en el reportaje nos explican como en algunas ciudades, en ciertos bares, no las han querido servir por su condición de gitanas. La obra les ha hecho conocer otras cosas que no tienen tan al alcance de la mano, incluso han viajado a lugares que ni se imaginaban.

Una de las cosas que me llaman la atención del documental, es como se sorprenden que Lorca esté muerto, ellas lo sienten cerca, y es que el poeta granadino siempre ha sido y será el poeta de los gitanos. El reportaje es emotivo, mostrándonos que en pleno siglo XXI no hace falta irte al África subsahariana para ver desigualdades. España sigue teniendo en muchos aspectos mentalidades tan pretéritas, como son nuestras tierras

 

 

 

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