Berlina presente su nuevo Ep

berlina_g, shoegaze psicodélico en su Ep homónimo

Por Sandro Maciá

Hay tendencias efímeras y estilos que permanecen en el tiempo. Distinguir entre lo que se pone de moda y lo que se hace por verdadera vocación o por creatividad pura y dura resulta cada vez más difícil. Saber si lo que tenemos delante es fruto del marketing exprés que busca la venta fácil o si de verdad responde a unos fundamentos artísticos es una tarea que, en estos momentos, es bastante complicado.

Por eso, cuando algo parece ser claramente fiel a unos principios y casi no deja lugar a esta duda entre lo auténtico y lo aparente, como mínimo, sorprende. Y así, precisamente, es como deben sentirse los que ya hayan escuchado el último proyecto de cuatro chicos madrileños que, desde hace unos meses, recorren gran parte del territorio español extendiendo su aviar influjo sobre el público.

Sí, aviar, pero no por su nombre, pues esta banda de la capital formada por Sergio, Alfonso, Sylvain y José se hace llamar Berlina, sino por la impronta con la que se han dado conocer visualmente al escoger un torso humano, teñido de colores pastel y dulces formas naif que culminan en una especie de cabeza o máscara de gran pico para ilustrar la portada del Ep en cuestión, un trabajo homónimamente titulado –Berlina (2013)- que cuenta con la propia autoedición de la formación y se compone de tres temas marcados por la influencia del shoegazing y el rock experimental.

De ritmos algo hipnóticos y armoniosas voces que invitan a la introspección, Berlina ha contado para dar forma y sonido a sus recién estrenados cortes con la producción de Manuel Cabezalí (Havalina), quien ha sabido perfilar musicalmente las melodías y las letras de Alfonso Herreros logrando, junto al resto del grupo, obtener unas canciones que envuelven al oyente en un entorno cambiante, en un festival de matices que viene determinado por distintos enfoques e interpretaciones y que retoma la psicodelia y las referencias post-punk de grandes del género, como The Verve –en sus inicios- o My Bloody Valentine.

Así, mientras en su single de presentación, Tiempo y transfiguración, podemos gozar de grandes dosis de distorsión que llegan anticipadas por unos inquietantes sonidos y que desembocan en unas frases casi susurradas pero perfectamente entendibles, en Sintex reina la calma y la linealidad de los sintetizadores que van añadiéndose a la estructura del tema según éste va avanzando y que, a modo de interludio, vaticinan que en la tercera parada –llamada Estado de naturaleza- nos hallaremos ante un despliegue instrumental que, capitaneado en todo momento por una única guitarra, va dando paso a infinidad de texturas y timbres -todo ello a partir de un patrón rítmico que se repite sistemáticamente de principio a fin-. Un cúmulo de sensaciones, vaya.

Berlina, un buen giro al shoegaze y un paseo por la psicodelia. ¡Arriba los “sintes”!

 

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