Cómicos

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Actores que han ido desapareciendo, talentos inolvidables.

Por Francisco Gómez.

Últimamente sigo con muchos sobresaltos los informativos. Y no por conocer los nuevos y repetidos ajustes que desde Bruselas y Berlín quiere imponernos la Europa norteña a nuestros asfixiados cinturones que ya se parecen a los de castidad, nos guste o no. Tampoco me importa ya especialmente la prima de riesgo, esa parentela que cuando hace acto de aparición es para joderte la marrana y malmeterte susto en el cuerpo. También me fastidia aunque por desgracia ya no es novedad sino un anuncio reiterativo de las penalidades que está sufriendo heroicamente el pueblo español, la crónica de los malditos desahucios y las alarmantes cifras de desempleo que no cesan de crecer y crecer.

Me alarma e inunda la pena cuando descubro que una figura más del cine, teatro y/o la televisión desaparece del escenario terrenal para empezar el viaje tras el azul del misterio. El último en decirnos adiós, haciendo mutis por el foro sin llamar la atención sino como una noticia sobresaltada en los telediarios y papeles ha sido , el gran cómico español, el hombre que interpretó al prototipo del español medio junto a otros muchos y buenos actores. La lista en los últimos años es terrible, sobre todo en 2012 y lo que llevamos de éste: y (la partida se ha quedado más desamparada desde vuestra marcha) y El Algarrobo y El Gitano ya no recorren aventuras por las sierras y pueblos. Hay una serie televisiva que me encanta: “Los ladrones van a la oficina” o algo así y muchos de sus actores ya no están entre nosotros: Fernando Fernán Gómez, José Luis López Vázquez, Vicente Aleixandre, Agustín González. Cada vez que la veo me entra una tristeza por los ojos, una saudade interior por los que se han ido pero permanecen en nuestra retinas y corazones que no sé cómo explicar. Muchos de ellos buenos actores que hemos visto en tantas películas, en muchas series de televisión, dejándose su calidad y talento en los escenarios de las Españas.

La manchega de Campo de Criptana, Sara Montiel, que ahora desde las alturas quizás ya no esté fumando porque no tendrá que esperar más al hombre que ella quiere, Paco Rabal que seguro que habrá disfrutado viendo cómo su mujer, Asunción Balaguer recibía emocionada el premio Max de Teatro y el inmenso amor que se tenían. Ojalá algún día uno pudiera vivir un amor así. Hasta el final.

La voz, el porte, la presencia, la gracia de Paco Valladares. La también inconfundible voz y gracia natural de Gracita Morales. El gran Toni Leblanc que ha dejado huérfano a Torrente y sus innumerables películas “made in Spain”, como también protagonizó Alfredo Landa y otros muchos, muchos de ellos muertos ya también.

Y ahora, el otro día, voy y me tropiezo con que también se ha ido sin llamar la atención Constantino Romero, la voz con mayúsculas de tantas y tantas películas que forman parte de nuestra iconografía sentimental: Darth Vader, Roger Moore, Clint Eastwood…

No sé, quizás uno descubre que la marcha de sus referentes, que poblaron de imágenes, historias y recuerdos sus sueños de niño, adolescente y juventud es quizás (y sin quizás también) el adiós a una juventud que se escapa de entre las manos para ingresar, quiéralo o no, en la edad adulta donde las pérdidas se multiplican y los referentes desaparecen para quedarte más solo y con más dudas en los bolsillos.

Los escenarios cinematográficos, teatrales y visuales y las referencias personales que encuadraron el hilo de una historia que a medida que transcurren los días queda más destejida, más a la intemperie de un corazón con más piezas que guardar en el álbum sentimental.

Ellos se van y uno queda más solo. Este es el “The End” sin trampa ni cartón. Maldita sea con la dichosa ley de vida.

 

 

 

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