Emmerson y Las rayas de tu vestido

emmePor Sandro Maciá.

Nos molestamos en aprender idiomas, cuando las cosas más importantes son las que acabamos comunicando sin hablar. Nos inscribimos en cursos que no nos gustan. Nos apuntamos a clases de todo lo habido y por haber. Así somos. Siempre intentando llegar a la cualificación extrema para no quedarnos atrás, nos haga falta o no. Bienvenidos a la cultura del “yo más, yo mejor, yo la tengo”.

Es cierto que, si se busca un progreso y una mejora –en según qué ámbitos-, la especialización puede ser necesaria. Pero, ¿y si nos topáramos con alguien que, sabiendo que hace bien lo que hace, no tuviera ese afán de querer meterse en otros jardines sólo para destacar por encima de todos y poder hacerle sombra al vecino? He ahí la clave. Zapatero, a tus zapatos.

Y esto, más o menos, es lo que se me viene a la cabeza cuando escucho a Emmerson, una banda valenciana que ejemplifica a la perfección lo innecesario que resulta querer aparentar un sonido complejo y enrevesado cuando se es capaz de recrear belleza a partir de la sencillez y de la explotación de las habilidades propias, sin caer en la avaricia.

Con cinco años de trabajo y el éxito obtenido gracias a su anterior trabajo –Y el cielo se volvió gris- este grupo se ha convertido en uno de los grandes dentro de la escena pop, tanto en su natal como en el resto del país, logro que les ha permitido ir allanando el camino para que su nuevo disco, titulado Las rayas de tu vestido (Flor y Nata Records, 2012) aterrice como se merece, con una expectación que, si su antecesor ya despertó, no ha hecho más que crecer al conocerse que desde Flor y Nata Records se ha decidido apostar por ellos para incluirlos en su lista de nuevos talentos, todo un lujo y un aval tratándose de un sello que se define como “fiel al espiritu de explorar nuevos caminos y descubrir talento emergente”.

Seguidores declarados de Lori Meyers, y , entre otros, no es de extrañar que sus canciones suenen como suenan. Sin imitar, pero exprimiendo al máximo el control que tienen sobre su propio estilo, el pop de Emmerson seduce, enamora y encandila. Su música evoca sensaciones que nacen del subconsciente y que, a través de temas como el que da nombre al e-disc (disco electrónico, que no físico) o como el valiente y alegre Mi hipotético bienestar –single de presentación-, nos vuelven a hacer disfrutar de esa frescura que se respiraba en los primeros trabajos de gente como Deluxe (ahora Xoel López), por citar algún ejemplo. Referencias aparte, Emmerson sabe a qué juega. Y, si sigue jugando así, no le esperan más que victorias.

 

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