Grushenka, a ritmo de Técnicas subversivas

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sigue presentando su Lp

Por Sandro Maciá.

“Dejémonos de postureo”. Esta frase, si no fuera porque es tan efímera como lo que critica, me la tatuaría a lo largo y ancho de mi espalda. O, mejor aún, sobre mi glúteo derecho para que se asome al llevar mis pitillos de los festivales –esos que todos nos compramos un poco más grandes de lo necesario para ir enseñando las caderas, convenientemente abrigadas por los calzoncillos más retro-ochenteros del armario-.

Bromas aparte y dejando que cada cual recubra sus partes nobles (o no tan nobles) como quiera y con lo que quiera –no soy el más indicado para hablar de looks, por lo que nunca me veré en condiciones de amonestar en este sentido-, lo que me llevaría a cometer la atrocidad de autodecorarme el cuerpo con tal enunciado sería, en caso de armarme de valor e insensatez, mi afán por demostrar la compasión que siento por los que fingen interesarse por ciertas manifestaciones artísticas sólo por moda.

¡Pobre del que vaya atendiendo a si le gusta una cosa u otra por lo que puedan decir los demás! Pues, en su caso, se perderá a grupos como Grushenka, del que al escuchar poco más que dos canciones dirá que es “otra banda más”. Y no, de eso nada. Tras ese nombre que parece más propio de una modelo escandinava, se esconde un universo de noise pop, un mundo de ecos y armónicos sonidos que tienen su punto de origen en Barcelona y que se van expandiendo con tanta delicadeza como acidez en cada una de las canciones de (, 2012), su último Lp, trabajo que precede al nuevo single que los catalanes presentan estos días en los medios.

Con una marcada influencia de ese aire de desenfado e indiferencia de los grupos pop de principios de los años noventa (¿quizá The Smiths? ¿quizá los inexpertos Duncan Dhu en sus inicios?), los cuatro miembros de Grushenka –Xavi (cantante/guitarra), Enric (batería) y Laia (sintetizador)- han sabido recrear en sus composiciones (y sus directos, como el de la pasada semana en el Berlín Café de Madrid junto a Odio París) la esencia de aquel shoegaze de antaño, ahora resucitada mediante las bases atmosféricas y las distorsiones infinitas de temas como, por ejemplo, Piel de naranja, Orgullo amordazante o la homónima Técnicas subversivas.

Producido por Xavier Nadal y Erik Márquez y grabado y mezclado por Xavier Nadal entre enero y febrero del pasado año en Binary Emotions Records, este disco es la prueba de que, gusten o no –modas aparte-, los chicos de Grushenka han logrado lo que prometían en su presentación: ser fieles a su idea de que “no se trata de inventar nada, se trata de emocionar”. Amén.

 

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