Cine: José Sacristán Goya al mejor actor por El muerto y ser feliz

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José Sacristán gana el primer de su carrera como actor.

Por Eduardo Boix.

Desde niño hay actores que han formado parte de mi vida. Me he sentido educado por ellos, en esas películas sociales que tanto me han gustado. El Crack, El Crack 2, Las verdes praderas, Un hombre llamado Flor de otoño(que fue protagonizada en teatro por mi querido Pepe Sobradelo), Solos en la madrugada. Tal vez también la educación me la han dado series como Tristeza de amor, ¿Quién da la vez? o Este es mi barrio. Si se ha percatado el lector todas las películas y series han sido protagonizadas o por Landa o por Sacristán. Sí, lo reconozco, soy fan de estos dos grandes actores oscurecidos por una época y un régimen que no les dio alas para volar.

El pasado domingo en la Gala de los Goya por fin se hizo justicia. José Sacristán recogió su tan esperado premio. El muerto y ser feliz de Javier Rebollo, el título podría ser una metáfora de la situación que estamos viviendo en España, le ha dado lo que se merecía desde hace tiempo. Un director novel que ha sabido sacar el jugo a uno de los actores con más valía tanto actoral como intelectualmente de este país. Sacristán es un grande que siempre ha llenado pantallas y escenarios con ese delgadísimo cuerpo y cavernosa voz. Como antes he mencionado crecí con el y reafirmó mis convicciones. El personaje que más me ha marcado es el que protagonizó en la película de Adolfo Aristaraín Un lugar en el mundo.  Para los que aún no la hayan visto el argumento es:  Ernesto hace un viaje a San Luis, un pueblo de un remoto valle de Argentina, para recordar su infancia y las circunstancias que han determinado su vida: sus padres se habían exiliado voluntariamente de Buenos Aires para vivir en una comunidad campesina; la llegada de un geólogo español llamado Hans, contratado por el cacique local para buscar petróleo, representa una amenaza para la forma de vida de los campesinos. Esta película es toda una alegoría de como todo el mundo debe luchar por las injusticias sociales, cada cual a su forma.

Sacristán aquel niño gordito de Chinchón se ha hecho mayor, tan mayor que ha demostrado ser uno de los actores más personales del gran español. Porque aquellos que ven el español tan solo comparándolo con las películas del destape es que no entiende del arte que vio nacer a Berlanga, Buñuel, Saenz de Heredia, Masó y tantos otros que marcaron una época y una forma de ver el arte. Quien prefiera antes el neorrealismo italiano que Plácido o El verdugo, no les juzgo, pero no pueden negar que no tienen  nada que envidiar a tantas películas de aquella época dorada de los estudios Roma. Sacristán es, ha sido y será puente de varias generaciones de actores y ciudadanos que deben empezar a quitarse los complejos y luchar por lo que es nuestro. Porque en arte e historia no nos gana nadie. Me levanto el sombrero ante Sacristán. Enhorabuena maestro.

 

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