Libro: El infierno de Gabriel de Sylvain Reynard

elinfiernodegabriel_grandeLas novelas erótica repiten sus esquemas sin fin

Por Gemma Juan Giner.

Todos tenemos un pasado, unos más oscuro que otros, pero todos tenemos un peso en nuestra espalda que no nos deja olvidar ciertas facetas de nuestra vida. Problemas de la infancia o de la adolescencia que pueden ser económicos, familiares o de conducta.. pero en cualquier caso, son esos problemas los que nos hacen ser como somos ahora. Más fuertes o, por el contrario, más débiles y vulnerables.

La familia es, quizás, el pilar que más marca nuestra personalidad. En “” de Sylvain Reynard, tanto Gabriel como Julia están marcados por su pasado. Sólo se han visto una vez, ella tenía 16 años, él 10 más. No obstante, esa vez fue más que suficiente para que ambos supieran que estaban hechos el uno para el otro.

Desde ese momento, Julia adopta el gusto de él por todas las cosas italianas, hasta que por fin, después de seis años, se encuentran. Él, profesor de la universidad de Toronto impartiendo un seminario de Dante. Ella, una estudiante de ese mismo seminario, todavía virgen porque desde el día que se enamoró de él decidió esperarlo hasta que lo encontrara.

Ahora hay un problema. Han pasado seis años y él no la reconoce, pero no pasará mucho tiempo hasta que descubra que ella es la chica de la cual se enamoró en un huerto de manzanos y nunca más volvió a verla. Ahora hay otro problema. Los profesores no pueden relacionarse con sus alumnas, por lo que deberán decidir cómo y cuándo poder verse. Esta es, sin duda, una historia de amor con un toque picante y un trasfondo muy sexual, ya que mientras lees sólo deseas saber cuando Gabriel conseguirá desvirgar a la dulce Julianne.

Pero la verdad es que, después de haberme leído tantas novelas eróticas llego a unas cuantas conclusiones. ¿Los chicos pobres no saben follar?, ¿no tienen las mismas posibilidades de seducir a una chica que un tio rico? Porque en todas las novelas es siempre la misma historia. Chico guapo y rico seduce a la chica pobretona, dulce, inocente y virgen (o con poca experiencia sexual)… y al final cansa. Me gustaría empezar a leer una con unos personajes más diferentes, que seguro que los chicos pobres y macarras también pueden darnos mucho juego… y mucho morbo! Así que por un tiempo dejemos de lado a los pijos estirados… o no?

 

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