Leopoldo María Panero Descansa en Paz

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Ha muerto el hombre, ha crecido el mito.

Por Eduardo Boix

Desde que tengo uso de razón, creo recordar, me ha interesado lo que estaba fuera de lo común. Las enfermedades mentales, los psiquiátricos, la locura y la creación, pueden que sean temas recurrentes en mi bibliografía, en mi recuerdo o en mi persona. Me fascinaron los desde que en 1995 vi por primera vez la película el desencanto, genial retrato familiar de una de las familias más literarias o cinematográficas que han existido en España. Desde aquel día devoré sus libros y revisioné la dichosa película montones de veces.

Leopoldo María Panero, posiblemente, es uno de los mejores poetas de su generación. No lo digo yo, lo han dicho miles de estudiosos que me preceden, pero no solo fue un poeta, fue algo más. Leopoldo María Panero, era un provocador nato, un intelectual, un sabio. Sabía mucho y era capaz de recitarte poemas de Mallarmé o Beaudelaire en un perfecto francés. Leo, como lo llamaba cariñosamente nuestra editora Charo , es, ha sido y será un grande de las letras españolas, que posiblemente fue eclipsado por el monstruo enorme de la enfermedad. Verle en acción, firmando libros era todo un espectáculo. Un cigarro detrás de otro, varias cocacolas, su risa y sus chistes. Agradezco la oportunidad que me dieron Charo y Antonio Huerga de compartir caseta con él, con Leele y Guillermina Royo Villanova. Allí firmamos los cuatro, pero evidentemente la estrella era Leopoldo. Nada más verle se le notaba un aura de genialidad. La gente hacía cola solo por verle, por ver al “maldito”, al genio, al hombre. Aquel fin de semana en Madrid fue uno de los mejores de mi vida, creo que lo voy a recordar muchos años.

Duele darte cuenta de las miserias de este país. En casi todos los medios nacionales han destacado, su enfermedad, el desencanto, la trágica familia, la locura. Le recuerdo cariñoso, bromista, chistoso. Un ser azotado por la vida, pero con una de las mentes más lúcidas de este país. Yo pude ver al hombre y comencé a querer más al mito. Les debo todo esto a sus y mis editores Charo Fierro y Antomio Huerga, por brindarme y concederme uno de mis deseos. Larga vida a Leopoldo María Panero, que la tierra te sea leve amigo.

 

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