Nos acostumbraremos de Zoyâ Pirzâd

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Ser en Irán es una guerra constante

Por Vanessa Díez

Aguantar. Sin pensar en una, por los hijos, por la familia, por guardar las apariencias. Aguantar. Renunciando a la posibilidad de librarse de un hombre que no piensa en mujer e hijos, tan sólo en él. Aguantar. Mientras los niños crecen, mientras los padres vivan, mientras el cuerpo aguante. Para una mujer parece lógico soportar con resignación cada mal designio en su matrimonio, ya sea en Oriente u Occidente, no somos tan distintos, enfrentar con valentía el desconocido camino del divorcio no es fácil y más cuando ni tu madre te apoya en el desafío.

A los veinte años Arezu no sabía nada de la vida, ahora a los cuarenta saca adelante dos casas y paga las deudas que dejó su padre en el negocio familiar, su madre y su hija adolescente son su carga y su debilidad, se comporta como el cabeza de familia que ya no tienen, las protege de la realidad, de las cartillas de racionamiento, de a cuánto ascienden los gastos o de cuánto cuesta realmente salir adelante. Ellas viven en su burbuja, tan sólo pendientes de sus caprichos, su madre atenta a los convencionalismos y a los objetos delicados, protege a su nieta y la moldea a su forma defendiéndola ante su madre y reprochando a su hija que dejara a su nieta sin padre, por ello anima a la niña y alienta su sueño de viajar a Francia con su padre.

Arezu vive centrada en las obligaciones, resolver los problemas es su prioridad, que nada falte a las personas que tiene a su cargo, hace tiempo que se ha olvidado de sí misma. Cerrada a que otro hombre entre en su vida su hija es su mayor preocupación. Su amiga Shirine, sin hombre como ella, será la celestina encargada de que Zaryu entre en su vida.

Zoyâ Pirzâd es una autora iraní que acabo de descubrir gratamente y que habrá que tener en cuenta para futuras lecturas. Una de las escenas que más he disfrutado es la que se sucede en el primer viaje en autobús de Arezu, donde existen zonas separadas por sexos. Incluso me reí por la forma de enfocar un tema tan delicado, por las contestaciones de algunas de ellas, pues los personajes lo tratan de forma sencilla, es algo que sufren a diario. Una conversación entre mujeres sobre qué hacer cuando una tiene cuatro hijos y su marido no quiere operarse para no perder la virilidad, ella contesta “pues opérate tú”. Lo que comienza como una conversación entre Arezu y su compañera de asiento se convierte en algo que todo el compartimento femenino comparte. Y aunque una mujer mayor se opone a que la hija adolescente de otra se entere de los por menores de la operación las demás afirman que debe saber a qué va a enfrentarse y no acabar sin saberlo como ellas en unos años llena de hijos y teniendo que sacarlos adelante porque el padre es un vago que no desea trabajar.

Enfrenta el mundo que vive lleno de comodidades y ajeno al resto con lo que sufren los más desfavorecidos que tienen problemas para sobrevivir. Además de pasearnos por , dejarnos disfrutar sus platos y darnos a conocer sus costumbres. Ser mujer independiente en Irán es una guerra constante. El personaje de Arezu crece junto a Zaryu, un comerciante que usa sus contactos para ayudar a la gente. Enfrentarse a los convencionalismos nos es fácil, cuando una tiene cuarenta años lo adecuado es ocuparse de la boda de su hija de veinte y no pensar en una misma, vivir no es una prioridad, guardar las apariencias sí lo es, pues el divorcio ya fue una mancha en el honor familiar.

 

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