¿Quién teme al copago? de Jaume Puig-Junoy

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El papel de los precios en nuestras decisiones sanitarias

Por José Luis Sola

A raiz de las políticas de austeridad y recorte presupuestario, todos nos hemos vuelto expertos en ciertas materias, hoy más de 40 millones de españoles hablamos de macroeconómica, derecho penal y derechos económicos y sociales sin haber leído jamás algo sobre esta materia; a ello contribuyen los medios de comunicación y algunos tertulianos (que carecen de formación e información) y teledirigen al espectador sobre aquello que conviene al stablishment.

Por supuesto, en el tema del también somos expertos y éste siempre se asocia con las aseveracionesn de que la sanidad española es insostenible y que se hace mal uso de ello, conceptos que se repiten como si fuera un mantra (junto aquel de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades), por extensión, fuimos al médico por encima de nuestras posibilidades.

Por supuesto, se intenta culpabilizar unas veces a los usuarios, y otras a los inmigrantes, sin reparar en que los recetas son prescritas por el médico, y, por supuesto, la clase política ¿dónde ha estado estos años?, ¿por qué no se ha aplicado antes la receta electrónica?, ¿por qué ciertos medicamentos ya no pueden ser recetados?, ¿por qué los más enfermos tienen que pagar la farmacia hospitalaria?, muchas preguntas, pero lo que es claro es que todos en mayor o menor medida somos culpables de la mala utilización de los servicios públicos. Hemos de remarcar que la sanidad, aunque sea pública no es gratuita, tiene un coste económico que pagamos entre todos a través de los impuestos, tributos y tasas, con lo que a mayor coste de la sanidad mayor presión fiscal.

Por otro lado, se intenta hablar del copago como algo ajeno, algo nuevo, algo que no existe en este país, pero es absolutamente falso, existe el copago farmaceútico, cuando nos dispensan un medicamente en la farmacia hacemos frente a una aportación que puede llegar hasta el 50%, es más, a diferencia de otros países es un sistema injusto porque no se fijan cantidades límites a abonar. A modo de ejemplo, podemos encontrar países en los que se pagan absolutamente todos los medicamentos hasta un límite de 1000 euros, a partir de esa cantidad se harían cargo los seguros, en España no, se pagará siempre el porcentaje, pero podremos superar ampliamente esos 1000 euros, supongamos que una medicación mensual cuesta 300 euros, el 40% son 120 euros, en un año 1440, por lo que un español pagaría 440 euros más que cualquier ciudadano de otro país.

Hasta la lectura de este libro siempre había estado en contra radicalmente al copago (no al farmaceútico), pero con la lectura de este libro he cambiado algunos planteamientos, en primer lugar, podemos establecer copagos en especialidades que actualmente no forman parte de la cartera de servicios básicos como el podólogo o el dentista, pero no creo conveniente poner un ticket moderador por el uso del médico de familia.

No obstante, lo que es fundamental es mejorar la educación en el ámbito de la salud, no sólo en hábitos saludables sino en educación cívica al objeto de saber utilizar los servicios públicos y utilizarlos cuando sea necesario no por un dolor de cabeza o un dolor de estómago, o colapsar las urgencias hospitalarias por una gripe.

Jaume Puig-Junoy es profesor titular del Departamento de Economía y Empresa de la Universidad Pompeu Fabra y Director del Director del Master en Economía de la Salud y del Medicamento (edición española e internacional) de la Barcelona Management School de la UPF.

 

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