El fragor del día de Elizabeth Bowen

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bajo la lo cambia todo

Por Rubén J. Olivares

La guerra paraliza, destruye, desgarra y provoca mutaciones en el mundo material conocido. Lo peor de ésta es cuando se traslada a nuestro interior, tomando posesión de nuestras conciencias y atrapándonos por más que nos alejemos. Cuando la guerra toma posesión de nuestra mente, trastoca toda nuestra realidad social. Lo peor de nosotros y de los demás emerge. Conflictos de intereses, relaciones utilitarias, sentido de provisionalidad, cosificación del otro, afectos distorsionados. Los conflictos bélicos son un caldo de cultivo ideal para que aquello que creíamos enterrado y olvidado emerja a la superficie y relegue al ostracismo lo que antes era vital y representaba para nosotros lo eterno.

En el otoño de 1942 Stella Rodney se halla inmersa bajo el constante fuego del bombardeo alemán sobre Londres de una guerra que dura demasiado tiempo y cuyo final aún parece demasiado lejano, al tiempo que debe hacer frente a su propia batalla interior, conflicto de emociones e intereses en la que la única víctima es ella. Joven viuda, es madre de un hijo que no ha conocido a su padre y víctima de un pasado de deshonor que prefiere mantener oculto a los demás. Pero el conflicto en el que se halla inmerso el país hará que salgan a la luz los recuerdos e historias que hasta la fecha permanecían ocultos. Con un hijo en el frente que lucha por seguir vivo, un amante que permanece bajo la sombra de una acusación de traición a su país y un contraespía obsesionado con obtener el amor de Stella a cambio de mantener el silencio sobre las sospechas de su amante, deberá hacer frente a los peligros que la tensión de la relación con estos tres hombres le provocan, mientras trata de sobrevivir día a día al horror del conflicto.

Carentes de pasión, los diálogos con los tres hombres con los que Stella ha configurado su vida logran, sin embargo, crear una sensación de desasosiego e incomodidad. El ambiente que se genera en la novela cuando la protagonista interactúa con alguno de estos hombres es opresivo, agotador, cansino y asfixiante, trasladando la verdadera atmósfera del bombardeo de Londres a las relaciones interpersonales. Pese a ello, lejos de tratar de huir o de imponerse, Stella se dejará llevar.

El cruce con otros personajes dota de mayor dramatismo a las relaciones afectivas que se generan, fruto de las circunstancias y carentes de emotividad, de calidez. La guerra lo transforma todo bajo la bruma y el humo, llevando a los que la padecen a situaciones desesperadas. El hambre se engaña con cigarrillos y té, y la soledad que sienten los personajes, con relaciones superficiales carentes de afecto.

Bowen maneja con maestría el lenguaje, modelando con él cada situación, logrando arrastrar inconscientemente al lector hasta el interior de cada personaje y confrontándolo con sus inquietudes. Es admirable la capacidad que tiene para mantener la tensión de esta historia -más que un thriller o una novela negra de espías con el trasfondo de la guerra-, a través de pequeños detalles, gestos, frases sin acabar, intercaladas con diálogos intensos, dramáticos y teatrales, desplegados en escenarios opresivos y claustrofóbicos que obligan a los personajes a hacerse frente.

Una novela elegante en el manejo del lenguaje, la belleza de lo pequeño, los ambientes recogidos y rematada con un humor decadente y negro, que juega con la muerte y nos muestra que no debemos tomar en serio la vida. Una novela que complacerá a sus lectores.

 

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