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La risa es atacada en París

Por Eduardo Boix

El ser humano se queda siempre marcado por la impronta de la niñez. Los recuerdos de aquella época de descubrimientos, siempre nos hacen crear una personalidad, una más férrea que otras, pero en definitiva es nuestra seña de identidad. Agradezco enormemente haber tenido una madre tan lúcida, sincera y fuerte que me ha llevado hasta donde estoy. Sin ella, estoy seguro, no sería el que soy, tal vez sí sería escritor, pero sería un escritor distinto.

Estoy muy triste, yo no me escondo.  A veces, como ser humano que creo ser, lloro. La matanza perpetrada en el satírico francés  me parece una atrocidad sin paliativos. En ningún caso han atacado una forma de estado, sino una forma de estar. El objetivo ha sido una revista de corte satírico como en España fue Ajoblanco y hoy es El o Mongolia. Han matado a soldados de la razón, a personas cuyas armas son un lápiz, un ordenador, una tableta gráfica y un pensamiento plural y crítico. Pero no nos van a callar, no van a destruir lo único que nos queda ya, que es la libertad de expresión. En este mundo tan podrido necesitamos reírnos, porque si nos quitan la risa ¿Qué nos queda? Es nuestro desahogo carnavalesco semanal, hasta la iglesia católica nos ha permitido el carnaval como una forma de crítica y desahogo.  Visionando, con perplejidad y rabia, las imágenes de ayer me retrotraen a la célebre obra de Umberto Eco titulada El nombre de la rosa, donde un abad “radical”, pierde hasta la vida porque quiere esconder al mundo la obra “Sátira”, escrita por “Aristóteles”. ¿Por qué le temen a la razón, a la risa?

Algunos actores que se quieren trasmutar en seudointelectuales, de los que se autodenominan librepensadores o incluso se denominan luchadores por la libertad, que todos hablan de ella pero pocos la practican, están acusando al mal llamado primer mundo de ser el culpable de esta masacre, por los ataques indiscriminados en Siria. Yo solo les digo y les repito: Que han atacado a una revista de corte radical, que no ha sido un objetivo militar y que la gente que ha muerto, son críticos, van a las manifestaciones y basan su trabajo en luchar porque todos gocemos de una libertad de expresión. Ayer todos fuimos víctimas en mayor o menos medida de unos radicales. A veces, no entiendo cómo la izquierda, adalides de las libertades, se empeña en apoyar tanto a la religión musulmana, cuando es igual o más opresiva que la católica. En ningún momento digo que no se deba respetar la libertad de culto, pero todos iguales, en el mismo saco y bajo las mismas premisas. Que evidentemente, no todos son iguales, pero por eso mismo debemos ser igual de beligerantes con todas las religiones por igual, con todos los totalitarismos por igual y con todas las llamadas democracias por igual.

Como he dicho antes, estoy triste, muy triste y consternado. Debemos poner cartas sobre la mesa y analizar muy bien los hechos probados. Pero mi mente crítica me hace ir más allá, soltar algunas preguntas al aire ¿Quién vende las armas a esta gente? ¿Quién les forma? ¿Por qué han crecido exponencialmente tanto? ¿Hacia dónde nos va a llevar esta barbarie de mundo? Busquen y encontrarán. Ahí les dejo la reflexión vayan pensado y analicen.

 

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