El Sexto de José María Arguedas

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Cárceles en los tiempos del

Por Rubén J. Olivares

En 1937 Arguedas fue ingresado en la cárcel peruana de El Sexto debido a su participación en las protestas universitarias contra la visita del general italiano Camarotta, representante del dictador Mussolini. Comenzada con ello una de las experiencias más traumáticas que el autor habría experimentado hasta el momento, viviendo de primera mano los horrores que la cárcel peruana reservaba para todos aquellos que acababan ingresando en sus muros.

El Sexto es una de denuncia del horror carcelario que vive de primera mano el universitario Gabriel. En esta prisión será testigo de las injusticias, abusos y aberraciones que se comenten dentro de la prisión tanto por aquellos que la toleran (los propios guardias de la prisión) como por aquellos que la ejecutan (los líderes de los diferentes grupos de presos más peligrosos) que someten a terribles vejaciones a los presos más débiles para disfrute personal o para obtener un beneficio propio. Estamos, ante todo, ante una de denuncia del dolor, la angustia, el sufrimiento y la muerte, un lugar en el que los hombres se convierte en seres despiadados que no dudan en humillar y someter a los más débiles.
Al inicio de la novela, el protagonista es ingresado en prisión bajo la “bienvenida” de los presos políticos que le reciben cantando a pleno pulmón sus cánticos revolucionarios: los apristas entonan la “Marsellesa aprista” y los comunistas “La internacional”, siendo conducido a su celda donde conocerá a Alejandro Cámac Jiménez, quién se convertirá en su guía por la prisión. A lo largo de la novela Gabriel irá conociendo a los distintos líderes de cada grupo de prisioneros, así como a los amos de El Sexto: Maraví, el negro Puñalada y el Rosita, un homosexual travestido. Otro grupo que cobrará especial importancia en la novela es el compuesto por los “vagos”, entre los que destacan los personajes de un negro que se gana la vida en prisión exhibiendo su pene a cambio de unos centavos, y aquellos otros que se convertirán en las víctimas de los amos de El Sexto, como el Pianista, el Japonés o el Clavel.

Pronto Gabriel irá descubriendo los horrores que conforman el día a día de El Sexto, cuando los amos del mismo van dando rienda suelta a sus negocios. Las principales víctimas de estos presos serán el Pianista, un preso común con el que el resto disfruta torturando y maltratando cruelmente, hasta llevarlo finalmente a la muerte, el Japonés, otro preso común a quien el asesino Puñalada tortura constantemente mediante palizas y amenazas, impidiéndole que coma o acuda al aseo con tranquilidad bajo amenazas de palizas (resulta especialmente terrible la descripción de las palizas a la que es sometido en una ocasión durante el reparto de comidas por parte de un grupo de presos que lo apalean casi hasta la muerte, al grito de “¡vomita, Hirohito!, ¡vomita puto japonés!”, cuando consideran que éste ha acaparado más raciones de las que le pertenecen) o las violaciones a las que son sometidas El Clavel, esclavizado por Puñalada y obligado a prostituirse por éste a cambio de unos centavos o la de un joven criado andino ingresado por una noche en el penal bajo la falsa acusación de robo por parte de su ama, a quien Puñalada y otros presos violarán salvajemente hasta arrastrarlo hacia la locura, como le sucederá a El Clavel. Por fortuna la novela ofrece al lector un alivio final a los horrores e injusticias cometidos en el penal que el lector deberá descubrir.

Una exponente del estilo literario de Arguedas considerado por algunos críticos como un libro menor dentro de su producción literaria, que, sin embargo, consigue conmover al lector por la crudeza de sus descripciones y el descarnado desprecio hacia el resto de presos del que hacen gala algunos de sus personajes.

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