Omega, sobre los escenarios 20 años después

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Dos décadas de Omega

Por Sandro Maciá

Si una cosa gusta, se conmemora. Si se odia, se repudia… Ahora, si cala en lo más hondo de uno mismo, se lleva para siempre y de manera intrínseca en la esencia de nuestro ser. Exagerado, sí, pero bien cierto, pues eso fue, exactamente, lo que ocurrió para muchos de nosotros con una obra maestra de la música que, todavía hoy, dos décadas después de su lanzamiento, sigue acompañándonos en cuerpo y alma a todos los que tuvimos de suerte de pertenecer a la generación que presenció la revolución sonora del experimental, a la generación que vio nacer aquel –o “este”, que bien vivo sigue- Omega.

Realizado por el maestro Enrique y el grupo de rock granadino , este disco, lanzado al mercado en 1996 por la discográfica El Europeo Música –y reeditado en 2008-, sigue siendo un hito en los anales de la música y los estilos alternativos e independientes, sorprendiendo aún en la actualidad por su originalidad y rebeldía, así como por el amplio y nutrido elenco de artistas –recordemos, entre otros, a Vicente Amigo, Tomatito, Estrella Morente, Isidro Muñoz o Cañizares-, que contribuyeron a que esta adaptación musicalmente revolucionaria de poemas de Federico García Lorca y temas del cantautor canadiense Leonard Cohen fuera el éxito que fue.

Un éxito que, además, merece ahora su reivindicación por la propia efeméride que representa y por la oportunidad que supone para que todos aquellos no familiarizados con él puedan redescubrir y conocer dónde radica lo especial de su forma y contenido, pero en directo, gracias a la iniciativa de Club Alhambra Reserva 1925, que está llevando a cabo la empresa cervecera Mahou – San Miguel y mediante la cual, tras el éxito obtenido el 26 de noviembre en la sala Up&Down de Barcelona, vuelve a poner sobre el escenario –los días 1 y 2 de diciembre, en La Rambleta de Valencia y La Riviera de Madrid, respectivamente-, al citado grupo de Antonio Arias y a Los Morente, que en sustitución de su padre harán lo propio en el repaso de algunos de los temas que componen el disco, como puedan ser: Pequeño vals vienés , El pastor bobo, Manhattan, La aurora de Nueva York , Sacerdotes, Niña ahogada en el pozo, Adán, Vuelta de paseo, Vals en las ramas, Aleluya (Hallelujah n. 2), Norma y paraíso de los negros o Ciudad sin sueño.

Así, tildado de extraño y violentamente vapuleado por la crítica patria pese al reconocimiento internacional que ha ido cosechando fuera de nuestro país, este álbum resurge nuevamente del –feliz- recuerdo que nunca dejó de provocar en los que sí disfrutamos de su calidad, reavivando palabras que animan, aún más, a acudir a las citas antes nombradas para disfrutar de su puesta en escena. Palabras como las de Darío Prieto (El Mundo), que reconoce que Omega “dejó patas arriba la música española”; Jesús Miguel Marcos (Público), que afirma que éste “dejó tocado al que recibió su onda expansiva” al ser “un hito insólito, un faro en la costa de la música española que alumbra a todos los artistas que se atreven a aproximarse a él”, o Prado Campos (El confidencial), que no obvia que todo lo acontecido fue fruto de una inicial “travesía llena de dudas y flechas y, sobre todo, de pasión y profunda libertad”.

Sobran más referencias. Omega habla sólo.

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