Fangoria: estrella del Elche Live Music Fest

fangoriaelx_gCal y arena en el Elche Live

Por Sandro Maciá

Palos a gusto no duelen. Bien, pues gin-tonics a pleno sol, tampoco. ¡Y que alguien me lo discuta! Porque así quedó patente en la segunda edición del Elche Live Festival, un evento al que ya hicimos referencia en estas páginas no hace mucho y que, tras la gran acogida de su predecesor en el Parque Municipal, en 2016, volvió a poner de manifiesto que la ciudad de las palmeras y la Dama está tan sedienta de música y de acontecimientos como el vivido este fin de semana -esta vez en el Parking de Candalix- que no encuentra inconveniente en embarcarse en la siempre grata experiencia de comulgar multitudinariamente a ritmo de indie patrio, aunque, para ello, haya que comenzar a hacerlo a media tarde.

De hecho, las 18.00 horas fueron, concretamente, las que marcaron el inicio de este festival, ya referente en la comarca. Un timming que podría parecer tempranero –y lo fue, ¿para qué engañarnos?- pero que no resultó intempestivo para poder disfrutar de todo lo que allí sucedería durante las casi nueve horas de conciertos que supusieron el broche final de una edición que no se ha limitado a centrar su contenido en una sola jornada, sino que ya empezó a abrirnos el apetito desde octubre con las actuaciones de Second, La Habitación Roja y Sidonie en la sala La Llotja, espacio usado, también, para un concurso de bandas locales destinado a escoger a las formaciones que cerrarían el cartel definitivo: Alan Parrish y Olivia. Formaciones, estas, que finalmente fueron las que haciendo gala del manido dicho de que “los últimos serán los primeros”, se encargaron de inaugurar el escenario frente a los cientos de asistentes que, bien “madrugadores” se empezaron a acercar al recinto, poco a poco, hasta llegar a sumar la cantidad de cerca de 4000 personas, ya en el punto álgido de la noche.

Así, entre rayos de sol y una palpable ilusión por dar a conocer su Ep “Las reglas del juego”, unos jóvenes pero bien seguros Alan Parrish fueron los autores de los primeros acordes sobre las tablas, enganchando a los allí presentes con su enérgica puesta en escena y su vital interpretación de cada tema, sin escatimar en la rotundidad que rezuma su disco y aprovechando las posibilidades del gran sonido que ofreció el evento.

En la misma línea, Olivia hizo lo propio con temas de su recién estrenado “Abril”, Ep que sucede al editado en 2015 y que no dejó de ser coreado entre los que, ya sin calor ni nada que se le pareciese, íbamos entonando el cuerpo y las cuerdas vocales en nuestro afán por arropar a estos alicantinos como merecían para, después de su show, recibir a Julieta 21, quienes con su arraigo y voz ilicitana –aún siendo de cepa madrileña- capearon las últimas horas de sol entre éxitos y sorpresas, ofreciendo la versión más viva de su “Alerta” -al grito de Bienvenidos muertos o presumiendo de Fuerza natural, por ejemplo- con sorpresa incluida: la aparición de Maryan Frutos (Kuve) sobre el escenario.

Ya con la noche rozando nuestras barbas, Full nos dejó boquiabiertos con un espectáculo digno de mención, haciendo de fuerte y venerada transición hacia unos Second que entraron a torear con la tierra bien allanada por Javi Valencia y los suyos, es decir, con un público contento pero no dispuesto a que, después de escuchar los hits de su “Tercera Guerra Mundial” y de sus trabajos anteriores, el listón bajase. Y no, no bajó. Al contrario. La banda murciana, liderada por Sean Frutos nos llevó una vez más a su Rincón exquisito para cantarnos y contarnos las historias recogidas en su “Viaje iniciático”, en “Montaña Rusa” y en otros trabajos que, junto a su directo del sábado, nos hicieron darnos cuenta de cuánto han crecido estos chicos desde aquellos primeros cortes en inglés o aquel inolvidable “Invisible”.

Tras ellos, llegó el momento de degustar el plato fuerte del menú. El instante de dejarnos cegar por la explosión de color –y calor, porque aquí, ya pasadas las 23.00 horas, es cuando se concentró la mayor cantidad de espectadores- de Alaska y Nacho Canut, a.k.a. , y de olvidarnos del momento y la época presente, viajando en el tiempo a través de sus canciones –impresionante comienzo con Rey del Glam- y de su estética electro-discotequera, tan marca de la casa como las referencias al art decó incluidas en sus proyecciones.

Entre golpes de melena, una pareja de bailarines y brillos infinitos que no eclipsaron, sin embargo, a la figura de un imparable Nacho, la que fuera componente de bandas como Kaka De Luxe o mitad de aquellas conjunciones estelares con Dinarama o McNamara, dio de sí todo lo que permitió el tiempo que duró el vibrante espectáculo, donde tuvo cabida una setlist de temas de ayer –Cómo pudiste hacerme esto a mi o A quién le importa-, de hoy –Espectacular, Fiesta en el Infierno, Geometría Polisentimental- y de siempre –Criticar por criticar, Absolutamente o No se qué me das-, todo ello con un final que aún hoy recordamos entre emoción y sorpresa al descubrir cómo Bailando terminó versionada bajo las estrofas del Yo quiero bailar de Sonia y Selena, el electrónico Bailando de Astrud o la ácida Toro del Columpio Asesino.

Pasada ya la una de la madrugada, la clausura recayó en los laureados Miss Caffeina, que no sólo parecían haberse dejado los laureles en casa, sino también las ganas de hacernos bailar como si no hubiera un mañana, pues es verdad que fue de agradecer su repaso por los inconfundibles Oh! Sana, Detroit, Gladiador o Ácido -así como una versión de Maniac de Michael Sembello-, pero Mira como vuelo llegó tarde, cuando ya no compensó la espera previa a una excitante actuación final que, únicamente, se quedó en correcta.

Con todo esto, la presente edición del Elche Live Music Festival cerró sus puertas dejando una sensación agridulce entre los que allí nos congregamos, pues mientras el apartado técnico y la distribución horaria superó con creces a lo acontecido el año pasado, los aspectos referidos a infraestructura y organización no estuvieron a la altura, desatando las lógicas quejas de un público que no se correspondía, en proporción, con la escasez de personal en barras y venta de tickets –el tiempo de espera en una cola podía superar los sesenta minutos- ni con el tamaño y número de puertas de entrada y salida al recinto –sólo había un punto de acceso y otro de partida, lo que originó más colas y continuas aglomeraciones-; todo eso sin dejar de lado la comentada falta de previsión de consumiciones, que desencadenó la protesta de gran parte de aquellos que, tras comprar su boleto para canjear por bebida, descubrían atónitos a eso de las doce de la noche que el agua, los hielos y la cerveza se había terminado.

Gran apuesta, sí, pero con necesidad de ajustar algunos puntos que permitan que, como se dice, a la tercera vaya la vencida.

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