Love is gone, nuevo disco de A Quiet Man�

Por Sandro Maciá

A Quiet Man vuelve con Love is gone

Que la contundencia del continente no acabe por eclipsar a la del propio contenido es, más allá de lo que se pueda llegar a debatir, un mérito ya admirable. Pues en la era actual de las continuas sentencias y aseveraciones, bien fácil resulta optar por la alusión al sentimiento más universal –véase el amor, véase su ausencia o fin-  para hacer de su tratamiento un reclamo ante el que lograr la rendición de miles de seguidores ansiosos en la búsqueda de respuestas, soluciones y nuevas verdades. Un espejismo ante el que hacer caer al mundo sin asegurar qué habrá más allá. Una ilusión que sólo alguien como el que hoy se pasea por las líneas de Letras en Vena es capaz de concretar e, incluso, defender: A quiet man.

Escondido tras esas tres palabras, el cantante y compositor Fabio Vega vuelve a ser, con su nuevo disco “Love is gone” (2017), el ejemplo más fiel de esa ardua victoria que un artista alcanza cuando puede permitirse envolver su obra con un título que rezuma concreción y peso. De ese éxito que sólo cosecha quien consigue lograr la rendición de nuestros tímpanos sin falsas promesas auguradas por las referencias al amor sin fundamento. Siendo claros, de ese talento que le hace estar a la altura, textual y musicalmente hablando, de ese concepto tan potente y fuerte sobre el que gira cada acorde de su último trabajo, como es la pérdida del amor.

Quizá las respuestas que encontraremos en sus trece canciones no sean las que compartamos o busquemos. Puede que, también, nuestra visión del sentimiento más universal que existe vaya encaminada a emprender un viaje en el que hacer parada en otros horizontes. Cierto, muy cierto, pero he ahí la genialidad de este –ya nombrado así en otros lares- crooner del Delta de L’Ebre, que nos pone su mundo en bandeja para compartir abiertamente algo tan íntimo como laruptura sentimental con la que ha sido su pareja durante 22 años, situación que inspiró cada corte del álbum a modo de elegante y sentida despedida.

Optando nuevamente por fórmulas propias del soul, el pop melódico, la electrónica y el jazz, Love is gone es, estilísticamente hablando, un disco donde cada nota se asienta sobriamente sobre las delicadas estructuras de las canciones, formando así temas de suaves melodías –como la inicial That kind of girl, de ritmo tranquilo pero dramático mensaje en su reflexión-, de aires románticamente agridulces como Stay Away-, de cuerpo electrónico como Love and Pain o Into the fire –actitudinal y vocalmente cercana a los certeros himnos de Morrissey-, de matices atractivamente oscuros como The slave y de contundente mensaje como Flowers -¿podría haber mejor cierre para un álbum?-, por citar algunas de las composiciones, sin desmerecer a las completas combinaciones de cuerdas, voces, vientos y algún sample de otros preciosos tracks como: Empty room, I’ll turn my back on this world, I’ll die for you, The night, Call me a fool, Butterfly o Night and day.

¿Buen disco? ¡Sin duda! Más aún cuando uno sabe que, además, pese a ocupar el séptimo lugar –cronológicamente- en la carrera del artista, este nace de la propia composición, grabación, producción y mezcla de Fabio Vega, quien sólo ha contado con la masterización de Erik Veach en Crazy Daisy Studios en Portland (Oregon) y con el refuerzo de Kike Pellicer -contrabajo, bajo eléctrico y fretless acústico-, Chiri -batería y percusiones- y Laia GC –coros-.

Gran ejemplo. Preciosa y elegante despedida en sí mismo, como los grandes crooners.

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