Me llamo Lucy Barton de Elizabeth Strout

La familia, el pasado y las cosas que no somos capaces de perdonar.

Por Vanessa Díez.

El agua caliente sobre tu piel es el único antídoto posible ante los recuerdos de la infancia. Cuanto más ardiente, mejor, más te aísla y olvidas durante más tiempo. Aquel pequeño garaje, donde vivíais los cinco, tus padres, tu hermana, tu hermano y tu. El  frío, las carencias, las habladurías, el vacío de los demás y el trato diferente. Dejar todo atrás fue la única solución para ti. La universidad fue un trampolín, una forma de escapar.

Elizabeth Strout te envía hacia el pasado, transmitiéndote aquello que no tuvo Lucy Barton, lo poco que hubo y lo que otros les hicieron sentir a ella y a sus hermanos, al menos ella siguió adelante con una vida adulta en Nueva York, casada, con hijas y supuestamente feliz. Al menos durante unos años. No siguió estancada en aquella inmundicia lúgubre, consiguió salir de aquello y cambiar el decorado de su existencia.

En “Me llamo Lucy Barton” su protagonista está ingresada en el hospital. Su enfermedad es la razón por la que su madre, después de muchos años sin verla, acude a los pies de su cama para acompañarla en su convalecencia. Esta visita es un viaje a la memoria de ambas, hablando del pasado y de las personas que formaron parte de aquella época. Hablan de muchas cosas, pero los silencios también son importantes, la forma de decir las cosas, aquello que nunca se ha dicho y lo que nunca será uno capaz de decir, aunque el otro lo esté esperando con todas sus fuerzas y necesite oírlo.

El resto de la familia tan sólo existe por teléfono y no demasiado. No vuelve a verlos y cuando lo hace es tan sólo cuando ya es demasiado tarde, en el último momento, cuando ya no hay vuelta atrás. Su madre, padre y hermano siguen, aunque ella no quiera verlo, en la misma casa que heredaron tras la muerte del tío, junto al lúgubre garaje, pequeña y húmeda, ambos hombres con una humilde existencia de hombre de campo, la hermana casada y con muchos hijos viviendo cerca y culpando a su marido, aquello tan sólo le llega por la línea, son tan sólo voces, como si no fueran reales, como si fueran ecos de otro mundo, no son parte de su vida, aquello que le pasa a su vecino es más real, sus hijas revoloteando y alterando su cotidianidad, qué importa que no conozcan a los abuelos y tíos, tan sólo no existen, no son.

Elizabeth Strout ganó el Premio Pulitzer con la novela Olive Kitteridge y además el Premi Llibreter. Una autora muy recomendable que en “Me llamo Lucy Barton” te toca el alma con sus historias sobre la familia, el pasado y las cosas que no somos capaces de perdonar y nos estancan, aferrándonos, sin dejarnos avanzar.

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