Urtain y su Manual de supervivencia para ilustres decadentes

Por Sandro Maciá

, alegóricos e ilustres decadentes

Aunque podrían haberme conquistado ya sólo con los títulos de sus canciones –Días de radio, Bailar como John Travolta o Bonnie & Clyde, por ejemplo-, los jóvenes mallorquines que esta semana visitan Letras en Vena se lo han currado de lo lindo para hacer de su último lanzamiento un conjunto artístico y sonoro plagado de grandes detalles que cautivan, ya no sólo al que ahora escribe -¡más quisiera yo!-, sino a todo aquel que, por poco afán de deleite que tenga, quiera volver a recuperar la fe en un género que paradójicamente vive su contiguo auge al ritmo de latigazos basados en la creencia de que su decadencia es real: el rock, aun en su vertiente más pop.

¿Será que han sentido la responsabilidad de no defraudar tras sus tres discos anteriores? ¿Puede tratarse de un alarde de simpatía hacia los creyentes en la perpetuidad de los grandes del género? Pues es posible, oigan, pero yo prefiero pensar que este acierto se debe a que ellos son tal cual, porque así nacieron los Urtain y así han seguido siendo, desde su Canciones selectas en conserva (2009) hasta el hoy presentado Manual de supervivencia para ilustres decadentes (Flor y Nata Records, 2017), sin olvidar Más difícil todavía (2011) y Un domingo cualquiera (2014).

¿Quién, si no, iba a editar un manual sin instrucciones? Ellos, porque así lo valen y así pueden permitírselo, ofreciendo un disco que cuida con mimo cada uno de sus doce cortes y que, siendo una bendita  ironía en su concepto –bien lejos les queda cualquier resquicio de declive-, nos recuerda que el quinteto formado por Julio Molina (voz y guitarra), Gabi Marcos (batería), Toni Trobat (bajo), Pep Aguiló (teclados) y el exCrocodiles y Pistones Iván Tobiass (guitarra) es muy ilustre, pero nada decadente.

Evocando sonidos propios de los mismísimos Petty o Springsteen, Urtain opta en sus nuevas canciones por usar estructuras pop-rockeras para envolver las historias que nos cuentan, siempre a través de unos versos que juegan a ser tan sensibles como descarados -dependiendo del corte- y que terminan por dar lugar a piezas como la alegre Días de radio –felices estrofas que rezuman melancolía sin caer en la tristeza-, la sincera De tripas corazón –“no quiero que me lo tengas en cuenta, no quiero hacerme el héroe, no es mi estilo”, con colaboración de Ariel Rot incluida-, la festiva La playa del mago –con tintes electrónicos, más próximos al pop-, la vigorosa Alicia –canto popero y particular y metafórica reinterpretación del cuento de Lewis Carrol, con la fugacidad temporal como inspiración-, la positiva Amor a quemarropa –“me quedo lo mejor de ti”, ¿se puede resumir mejor?-, la irreverente Cadáveres en el armario -¡bendito pop como estilo de confesión!-, la previsora El lado oscuro –posicionamiento en el “wild side” entre punteos bien marcados-, la presumida Bajo el cielo de Berlín, la alegórica En la cocina –más que original oda culinaria a la vida y a sus vicisitudes entre dobles sentidos-, la apacible La balada del viejo y el diablo –risueña en ritmo hasta el final- , la casi country Bailar como John Travolta –impetuoso inicio que se propaga a lo largo de todo un tema al que resulta imposible no cogerle cariño por su letra y estructura- y la conclusiva Bonnie & Clyde -amplia en sonido y versos que se construyen a base de certeras reflexiones-.

Si se cocina bien, sale un buen plato. Y Manual de supervivencia para ilustres decadentes es la prueba de que el talento de Urtain ha cogido un buen punto de coccio´n  en los fogones del estudio Diorama Sound, con Toni Salvá de chef, y en The Stratoscope, con Antoni Noguera a las mezclas.

¡Rico, rico!

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