Dad palabra al dolor

Un mal control de las emociones podría agudizar el dolor físico

Por María Elena Ayala

“Dar palabra al dolor” es un libro sobre veinte relatos breves de profesionales de la salud  en relación a sus experiencias vivenciales ante el dolor de sus pacientes. Un libro emotivo, cálido y cercano. En él se plasma el lado más humano de estos profesionales.

El libro nos reafirma la importancia de la parte emocional del dolor y de dar a cada paciente la atención necesaria ante su proceso de enfermedad. Igualmente decir que estar en contacto con el dolor es una experiencia humanizadora intensa.

Del libro se desprenden algunas ideas  que he rescatado ahí van:”la importancia de la humanidad en la medicina. Debemos darle al paciente una prioridad, como persona, frente a la enfermedad, en lugar de solo atajarla” (Relato, El décimo de lotería);”Promover un cambio de actitud que consiga disminuir la paralización del bloqueo emocional y físico que acompaña el dolor” (Relato, El ladrón de sueños) y otra muy representativa de la idea general del libro “debemos recordar que el sufrimiento no es solo físico, sino también psíquico. Actualmente disponemos de fármacos para controlar el dolor físico pero nuestra obligación es dar un atención integral,… pues un mal control de las emociones podría agudizar el dolor físico”.

Lo importante del trabajo en el campo de la salud es hacer una atención integral al paciente ya que en la mayoría de los casos se trata de paliar el dolor y es importante escuchar al paciente ya que cada persona lo vive de manera diferente en función de sus circunstancias.

En especial hay un relato que me llegó bastante es el de “La Bella Sofía”, la manera de escribir de la médica es bien profunda y muy poética, llega de verdad al corazón os trascribo el final:

“El miedo terrible al sufrimiento que nos atrapa como una enredadera, miedo a lo desconocido, miedo a saber que aquel que está al otro lado de la mesa, en la cama, es un ser real y no una figuración. A veces el dolor de otro despierta en nosotros nuestras propias debilidades. Me gusta creer que Sofía murió sin dolor, al menos sin alguno de tantos que tenia. Nunca quise indagar, quizás porque sabía que su dolor me desnudaba; desnudaba mi miedo. Hoy, más de quince años después, me doy cuenta de que el dolor también puede ser un oasis en mitad del desierto. Una visión que nos hace descubrir, en el amplio espejismo de la vida, nuestro pequeño y fugaz reflejo”.

“Dad palabra al dolor” ha sido el resultado de los veinte relatos ganadores de la primera edición del Premio “Dad palabra al dolor”. La obra se publica con fines benéficos para apoyar al proyecto Mensajeros sin dolor, impulsado por Mensajeros de la Paz y Fundación Grünenthal. El certamen nació con el deseo de dar voz al dolor crónico a través de los profesionales sanitarios que lo viven de la mano de sus pacientes, y que en la mayoría de ocasiones resulta una de las fuentes vivenciales más humanizadoras que pudiera imaginarse.

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