Los golpes de Jean Meckert

La violencia ha marcado nuestra existencia.

Por Eduardo Boix

El silencio en ocasiones es una potente arma, señalan el alma. Los golpes, sin embargo, marcan la piel. A lo largo de la historia, la violencia, ha marcado nuestra existencia, ha estado impregnada en nuestro ADN. La violencia se puede expresar de varias formas, verbal, física, sexual, económica. Todo es . Los golpes no son el único arma de los maltratadores, hay más. Existe toda una filosofía más allá de los cardenales, del dolor. El miedo anula a las víctimas y da pávulo a los sometedores.Siempre acaba siendo una relación desigual. Por desgracia nuestros medios de comunicación, cada día, muestran cada vez más y más casos, de violencia, de familias desestructuradas, de parejas que se odian, mucho antes de empezar, aunque ellos no sean conscientes de ellos. Una pena.

Ambientada en el convulso París de los años treinta, Los golpes es la primera de , con la que obtuvo el reconocimiento de escritores como André Gide y Raymond Queneau. Pocas obras como esta han tratado la realidad de las clases trabajadoras o la violencia contra las mujeres con tanta crudeza. Parcialmente autobiográfica, Meckert vierte en este libro la rabia de clase acumulada durante los primeros años de su vida y nos muestra que el lenguaje es un campo de batalla, y que la del escritor también es una lucha por encontrar la palabra justa.

 

Los golpes de Jean Meckert son palabras como puños y puños como palabras. Es la violencia del sistema contra el individuo, la que a diario ejercen los hombres contra las mujeres, la que subyace en el lenguaje mismo. Es la génesis del hombre bueno, que no lo es tanto y acaba sacando el animal que lleva dentro. El hombre es un lobo para el hombre y para la mujer más. El sometimiento, el maltrato, el desprecio, como armas útiles para mostrar una superioridad cuestionada desde la niñez. El macho dominante, es el león que está sometido por la leona. Es la extraña convicción a lo largo de los siglos, de una superioridad artificial y artificiosa. En pleno siglo XXI deberiamos comenzar a tomarnos en serio la equidad. Un reparto justo de tareas y compromisos. Que la vida no sean solo palabras, que la mayoria de veces se lleva el viento. Los compromisis deben firmarse y llevarse a cabo por una sociedad más justa. Los golpes de Jean Meckert es el claro ejemplo de lo que no debe pasar en una pareja. Que cunda la advertencia.

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