Niños Mutantes, a galope en el Día del Libro

A galopar: a de

Por Sandro Maciá

¿Acaso la música no es, en sí, una forma de escritura? No doubt, my friend. Totalmente. Por eso, siempre –y que sea por muchos años- encontramos en el arte de combinar sonidos y textos numerosas formas de romper los límites del pentagrama y poder contribuir, ya sea homenajeando o dando rienda suelta a la improvisación naif, a la conmemoración de una de las jornadas más bonitas del año, la dedicada al precioso oficio de las letras: el Día del Libro.

Y cuando decimos siempre, es siempre. Porque de no ser así no habríamos podido deleitarnos estos años anteriores con proyectos de esos que emocionan y que nos hacen trasgredir nuestra concepción de lo literario y lo musical hasta el punto de amar a ambas disciplinas desde el lado contrario, desde la perspectiva paralela –que no opuesta-, desde un punto de vista como el que nuestros Niños Mutantes supieron dar en su día a una de las cuatro canciones de su Diez&Medio y que, el pasado lunes, coincidiendo con la efeméride literaria, fue la escogida por el grupo granadino para unirse a la celebración.

La elegida, cómo no, fue A galopar, un tema que toma prestada la letra del poema Galope, de Rafael Alberti, y que se incluye en el citado EP, extensivo del laureado y girado Diez, que aún sigue en auge y que les deparará, a Juan Alberto Martínez y los suyos, muchos éxitos que saborear.

Fruto de la añoranza y la admiración arraigada, A galopar, como versión mutante, nace de la imposibilidad de olvidar aquella antología que Juan Alberto recibió con sólo seis años. Un compendio de poemas que incluía la susodicha pieza y que llevó al ahora líder de Niños Mutantes a tirar de un hilo, de una madeja que acabó desenredándose hasta terminar en el descubrimiento de la versión que Paco Ibáñez hizo, a voz y guitarra, en el mítico Olympia parisino hace décadas.

Desde entonces, según el propio Martínez, la influencia de aquel “disco increíble que pone música a algunos de los mejores poemas de todos los tiempos en nuestro idioma y que forma parte de nuestra memoria sentimental” le ha llevado a pasar años “cantando esa canción y dándole la brasa a los demás mutantes para hacerle una versión”, hecho que por fin se produjo en 2017 cuando, tal y como reconoce, “el acoso avanzó y empecé a usarla en las pruebas de sonido”.

Un “acoso” que le agradeceremos eternamente, la verdad, porque gracias a su insistencia y, como él dice, “al respeto y la devoción a Alberti e Ibáñez”, hoy podemos volver sentir la contundencia de unos versos que ganan agilidad y modernismo. Unas palabras que suenan con fiereza e intención, directas como las que evocó Ibáñez al ponerles voz y música, pero eclécticas al fusionarse ahora con sintetizadores y distorsiones propias de nuestro tiempo.

Un mismo poema, una nueva dimensión. Unos versos inmortales que, sin embargo, gozan de personificación en la voz rasgada de nuestros mutantes y en su saber hacer a la hora de emplear una estructura que, sin duda, les llevará a hacer de este tema un clásico en su repertorio.

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