El nudo materno de Jane Lazarre

La presión del nudo materno

Por Vanessa Díez

Siento la presión del nudo materno desde la infancia. Desde niña siempre hubieron insinuaciones sobre mi papel en la vida. Primero me instruyeron ya con nueve años. La llegada de mi hermana mediana fue un detonante. Biberones, cambio de pañales y el baño.

Aún recuerdo aquella vez en que resbaló de mis manos mientras la bañaba. Cayó de pie dentro de un cubo y no resultó herida. Me asusté, porque creí que por mi culpa iba a sufrir algún daño. Después yo misma le contaría la historia .

Con doce años llegó mi hermana pequeña. Fue una doble vuelta a aquel nudo que ya me ahogaba. Responsable de su crianza no podía permitirme cruzar la línea. Bajo las miradas de mi y mi abuela materna aquella casa perpetuaba las consignas de las mujeres de la familia.

Después fue el desarrollo de mi cuerpo. Nunca he sido una estrecha y delgada. Mi cuerpo voluptuoso y de caderas anchas ya se identificó desde el principio de aquellos años con un parto sencillo y con poco dolor. Una adolescente en aquel momento no estaba pensando en ser madre. En lo último que pensaba era en la función práctica de mis caderas.

Durante años me alejé de todo lo que tuviera que ver con el nudo que todavía me oprimía. Me daba pavor quedar embarazada y dejar de estudiar como nuestra protagonista. Siempre había algo más importante. Los estudios, conseguir un trabajo y quizá una vida mejor. Quien sabe si ahora después de tanto miedo conseguiré tener lo que antes no quise.

se queda embarazada sin proponérselo durante los años de universidad. Es un shock para ella. Un cambio de vida drástico. Y por años que pasen siempre será un cambio mayor para la mujer.

Jane se atormenta ante los nuevos acontecimientos. No sabe si será capaz de salir adelante. No sabe si será una buena madre. Son cosas que no se enseñan, tan sólo te enfrentas a ellas o no. Se vende tradicionalmente la maternidad como un paquete de regalo con un precioso lazo, pero existen luces y sombras en la experiencia.

La escritora nos cuenta los cambios que en ella provoca la maternidad, tanto la primera como la segunda. El nudo materno fue escrito en 1960 y hemos tenido que esperar a la traducción de Las afueras para disfrutar de este interesante texto sobre la maternidad. Ya su arranque parte con fuerza, pues no oculta la sangre y el sufrimiento del parto, después nos hace partícipes de sus momentos de locura, de la pérdida de su vida anterior y de su lucha por recuperar parte de la mujer que conoció antes de ser la mujer de y la madre de. Pues la mujer en ocasiones es una guerrera que recupera su parcela de individualidad para volver al trabajo o quizá para estudiar, ya que no siempre será esposa y madre en la vida si no lo desea. Todavía es complicado dar vueltas sobre estos asuntos, aunque las mujeres lleven hace tiempo casa y trabajo a cuestas. ¿Se es peor madre por no querer estar todo el día cambiando pañales? ¿Se quiere menos a un hijo por querer volver al mundo laboral? Jane habla de cosas que atormentan a muchas mujeres, pero en ocasiones no ha sido adecuado hablar de ello en público. Así muchas mujeres han luchado contra sus fantasmas en la aparente tranquilidad de su hogar.

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