Un segundo de ciencia ficción, nuevo Ep de TLFPA

TLFPA, ciencia ficción madrileña

Por Sandro Maciá

Mayo será el mes de las flores, no lo discuto. Pero, ¿y qué me dicen del panorama musical que nos viene ofreciendo el calendario? Eso sí que es un jardín, ¡y de los bonitos! De esos que cuentan con más especies que –casi- nombres. Esos cuyos colores nos provocan sensaciones próximas al síndrome de Stendhal ante tanta variedad y, sobre todo, ante esa añorada –y ahora, por suerte, cada vez más presente- frescura. Esos, vaya, que nos descubren entre los grandes pétalos de las flores ya conocidas delicados –pero fuertes- brotes que empiezan a crecer y a hacerse un hueco entre la frondosidad de sus congéneres… Esos, ni más ni menos, en los que podemos oler, sin miedo a alergia alguna, el aroma de bandas como TLFPA.

Con la fotosíntesis bien hecha –ojo, que brotan jovialmente pero no son nuevos en esto de la música- y cinco letras por pseudónimo, así es como se presenta al mundo The Low Flying Panic Attack, una banda autodefinida como madrileña de base pero “con sucursales en la honestidad musical” y con un sonido que expande su rango desde el interés a la atracción, pasando por la emoción y la seducción, sin olvidar la incitación al baile y al paladeo modernista.

Una banda, esta, que echó raíces tras germinar la semilla plantada por Marta Brandariz y Javi Martín en 2017 -momento en el que las pruebas compositivas del dúo y su afán por sincerarse artística y musicalmente dio lugar a un autoproducido primer Ep de cinco temas- y que ahora, con dos nuevas hojas en su tallo – Alfonso a la batería y a Sebas al bajo-, florece con un segundo trabajo: Un segundo de ciencia ficción, un galáctico Ep de cuatro cortes que, sin renunciar a los sonidos envolventes, afianzan y concretan el estilo de estos navegantes de la Sci-Fi.

Conformando un periplo por su mundo astronáutico, Un segundo de ciencia ficción nos permite hacer cuatro bonitas paradas, todas ellas basadas en conceptos y referencias contemporáneas, tanto en lo textual como en lo sonoro, como puede palparse en San Junípero –de despegue suave, ambientalmente creciente y eléctricamente estructurada a partir de notas que van arropando los versos hasta un gran y coreado final-, Blade Runner –rotunda sinceridad en cada palabra, combinada con melancólicos pianos y bailables bases según van pasando los segundos-, Utopía -dinámica canción, entre pulsos y sintes que permiten que el ritmo no decaiga- y El otro lado –que se va haciendo grande entre motores y una leve distorsión que contrasta con los lúcidos versos en cuanto a sonido, pero que combina a la perfección con lo áspero (y cierto) del contenido recitado en ellos-.

Cuatro estaciones espaciales que nos llevan de un extremo a otro del universo creado por estos jóvenes que, influenciados por una electrónica estilosa –en contenido y continente-, nos harán reparar en los pequeños detalles y nos proporcionarán el color que todo jardín debe tener entre sus plantas.

¿Llegarán a la estratosfera? Todo es proponérselo. De momento, disfrutemos de ellos aquí, en suelo patrio, perdidos en su galaxia y con combustible para rato.

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