Vámonos de vacaciones a… ¡Shangri-La!

Debut surfer-popero de Atticusfinch

Por Sandro Maciá

Decirle a Harper Lee, autor de Matar a un ruiseñor, allá por la década de los sesenta, que sólo una obra le bastaría para marcar a una generación y convertirse, directamente y desde la propia casilla de salida, en un referente literario contemporáneo, habría sido osado. Cierto. Pero, ¿imaginan ustedes la locura que hubiese resultado el llegar incluso suponer –de insinuar ni hablamos- que uno de sus personajes más célebres volvería a la vida, cincuenta años después, al ritmo de powerpop y empadronado en el mismísimo Albacete?

Pues dejen de imaginar, porque, si bien en aquellos años habríamos terminado encerrados –en el mejor de los casos- ante tan utópica afirmación, hoy, volviendo a toparnos con un requiebro de esos que nos brinda la vida a golpe de paradoja, podemos no sólo afirmar que esto ha ocurrido, sino que, además, ha servido para hacer gala de su frase más gloriosa: “uno no comprende realmente a una persona hasta que no se mete en su piel y camina dentro de ella”.

Así rezaba la consabida cita del gran Atticus Finch, protagonista de la citada novela de Lee, y así de viva nos vuelve a sonar ahora gracias a unos manchegos que han tomado la unión del nombre y el apellido del conocido personaje como propio, dándolo a conocer por toda la geografía española entre los enérgicos acordes que componen cada uno de sus temas y que, por fin y gracias a la apuesta de Flor y Nata Records, ven la luz en forma de primer disco: Vacaciones en Shangri-La (2018).

Buenos conocedores de las palabras del mismísimo Finch, al menos en la práctica –pues ellos, mejor que nadie, saben que todo logro se alcanza con un trabajo que sólo el que lo vive llega a valorar-, el primer trabajo de Miguel Fuentes (guitarra), Quili Muñoz (guitarra), Eva María Zamora (voz), Juan Andrés Descalzo (batería) y Antonio Córcoles (bajo) -como Atticusfinch, ya que individualmente todos han vivido el parto de un álbum, pero al frente de otras formaciones como  Familia Feliz, Tocamadera o A las 10 en casa- podría entenderse como el colofón a una etapa de idas y venidas. Como el resultado de una trabajada carrera que comenzó al ritmo de desenfadadas jam sessions y que ha ido floreciendo, poco a poco, hasta perfilar un estilo que empezó a serles propio allá en su debut en directo, en 2004, en el Haeartbreak Hotel –con los ibicencos Peter Colours- y que no ha hecho más que enriquecerse con cada vivencia, con cada cambio de formación –inicialmente, en sus filas contaron también con Miguelan Espinosa (Los Fabiolas, Franky Franky y el Ritmo Provisional, Los Leñadores), Pepe Belmonte (Los Fabiolas) y Maribel Aldave- y con cada paso directo hacia el actual aire garaje, pop, powerpop y surfero que desprenden sus canciones, dignas merecedoras de haber compartido tablas con los Brighton 64 y de lograr la victoria en el  XXX Concurso de Música Moderna “Memorial Alberto Cano” del Ayuntamiento de Albacete.

Con una historia de todo menos aburrida, los que un día se decantaron por hacer versiones de los Muffs o Detroit Cobras, nos invitan ahora a irnos de vacaciones a la idílica Shangri-La en un disco de seis cortes, donde todo lo explicado anteriormente tiene cabida, tanto en la parte literaria como mus ical, ambas siempre bien compactas en cuanto a la unidad que representan como composición.

¿Quién se resistiría a dejarse llevar por la sensación de libertad que evoca No hay olas en Bondi Beach –segundo sencillo, una surfera oda a los “tryps” positivistas y veraniegos, a pesar de los imprevistos que puedan darse- o Mateo’s Song –primer single, no menos alegre y tampoco lejano a las costas, tanto en lo sonoro como en lo textual-? ¿Hay alguien capaz de no querer entrar en las divertidas historias de las poperas y alegres Un despiadado mundo o La vida es un sueño? ¿Vamos a negar que es contagiosa la empatía que genera Que empiece ya como canto pop, casi autorretrato, de tantas y tantas bandas que viven por y para lo que hacen?

Miles son las preguntas que podríamos usar como excusa para no abandonar nunca este Shangri-La que nos presenta Atticusfinch, este universo que sólo se vuelve agridulce al llegar a El final –último corte, realista canto al fin del amor, que no de la contundencia, pues sonoramente está a la altura del resto de temas-.

Buen viaje, ¿no? Pues el trayecto no habría sido posible sin haber pasado por Perdido Studio, donde Vacaciones en Shangri-La se grabó con Pepe Cifuentes y Javi Milla a los mandos de la mesa, o sin haber contado con las ilustraciones de Kike Chumillas, creador de la exclusiva portada del disco.

Pónganse los bañadores y los bikinis, ¡que llegan olas bien altas!

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