Violet Koski, nuevo disco de Steven Munar

Colorido homenajede Steven Munar

Por Sandro Maciá

No es navidad. Ya no queda turrón. La sensiblería de los anuncios de la tele empieza a dejar paso a las promos de complejos vitamínicos y jarabes contra la tos. Los días comienzan a alargarse y el amor perpetuo por el prójimo parece quedar relegado a un segundo plano, a una opción menos atractiva que la posibilidad de dedicar el tiempo a otros menesteres más cercanos a la holgazanería “posfestera”.

Aséptico y grisáceo contexto, ¿verdad? Pues aún siendo así, llenen todos sus pulmones de aire, porque gracias a la irreverente actitud de un artista ya conocido en nuestras páginas, no sólo nos vamos a ver obligados a entonar el famoso “vuelve a casa, vuelve” –obviando lo de “por Navidad”, lógicamente-, sino que, además, vamos a seguir disfrutando de la añorada emotividad que conlleva el fin de cualquier año, pese a estar ya inmersos en uno nuevo; porque, amigos y compañeros… ¡aquí llega el gran Steven Munar, con un bajo el brazo y con todas las claves para pintar enero de cualquier color menos gris!

Digno de celebración, ¿no? No lo duden. Ya que, si buena noticia es el simple hecho de que el conocido mallorquín vuelva a saltar a la palestra con nuevo material y, como ya dijimos en su día, con su afán por compartir en cada obra “una parte de la historia de un incansable creador que, desde los años 90 ha cosechado distintos triunfos, ya sea con The Tea Servants, The Lunatics o The Miracle Band”; aún más especial resulta conocer que lo hace con un trabajo donde homenajea a su abuela inglesa, llamada ficticiamente por la madre de Munar -en un relato que le dedicó antes de morir- con el pseudónimo que da nombre al disco, .

Editado por La Cúpula a finales de 2017, Violet Koski se compone de 14 temas donde el propio artista, ahora acompañado por The Miracle Band, demuestra que la evolución no supone un abandono del estilo cultivado, sino una mayor consistencia y contundencia en el dominio del género y en su ejecución, siendo fiel a las melodías y estructuras pop que siempre le han caracterizado, pero aumentando su densidad y riqueza rítmica, musical y textual, a base de ingeniosas inmersiones en terrenos más eclécticos, llegando a incorporar nuevas texturas y combinaciones de cuerdas más evidentes y variadas.

A camino entre lo que para unos podría ser una revisión del Bowie noventero y entre lo que, para otros, podría ser más afín a la aspereza de Nick Cave o a los ritmos de Talking Heads, cada canción de Violet Koski ha de ser entendida desde la intención del autor, disfrutando de las consecuentes referencias que nos sugiere, pero atendiendo a su valor como creaciones que gozan de una personalidad íntimamente ligada a unas inquietudes que, tamizadas a través de la letra y los sonidos, se representan con naturalidad en el imaginario que evoca este brindis musical a su ser querido.

Así ocurre desde la románticamente inicial Everytime I close the doors hasta la significativa Prayer without words –¿no es acaso, la búsqueda de ese Dios, un final más que alegórico para un álbum como este?-, cuyas cuestiones vitales empiezan a asomar para seguir creciendo en temas como Hear me calling you –pegadiza melodía que retoma esa incesante búsqueda de referentes menos terrenales-, Mother -adaptación de un poema de la madre de Steven a “Violet”, cargada de sentimiento y sonoridad, creciente a medida que se desarrolla y capaz de partir de un comienzo íntimo para terminar con partes coreadas y un estribillo muy marcado-, Fuck your Vanity –certera y efectiva-, Feel me –atmosférica y rompedora a partes iguales, yendo de lo sencillo a lo impactantemente sonoro-, In the meantime –desamoroso canto con curiosas percusiones-, Hey –un satírico saludo al mismísimo presidente Holland-,  Pictures, Postcards and Other Things–divertidamente adictiva, naif y muy cercana-, Never believe –gran calidad desprende esta dedicatoria a su hija, conformada por ágiles punteos y una batería bien vibrante en sus primeros segundos-, y Hey, Hey, Hey (Re do it again) –tan ágil en su estructura como sorprendentes  (pero bien integrados) resultan sus coros-.

Grabado y mezclado por Marc Tena en Sol de Sants Studios Barcelona y producido por este y Steven Munar, al casi entero tracklist descifrado aún pueden añadirse joyas como Stillnes, Wasteland, Lonely Hearts Where do they go? o  Stunned, bonitas composiciones que permitirán al oyente seguir descubriendo qué otras razones contiene el disco para ser escuchado una y otra vez.

¿Querían, como el propio trabajo se presenta, un “ecléctico viaje de los 70’s a los 80’s”? Aquí lo tienen, y muy bien llevado a cabo. ¡Disfrútenlo!

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