Posted on 25 marzo 2012 by letrasenvena
Por Eduardo Boix
Rompe el silencio de la noche un grito desgarrador. El miedo me paraliza por momentos, otro grito y extraños sonidos guturales erizan mi piel. No me atrevo a salir de la cama, el edredón nórdico me protege de todo mal. Más gritos, sonidos guturales acompañados de lo que parece alguien rezando. Se abre la puerta de mi habitación. Mi padre entra, me mira asustado encogiéndose de hombros. No entendemos nada. Escuchamos como otros vecinos abren las puertas de sus casas. Nos decidimos también y salimos a investigar la procedencia de los gritos y los extraños ruidos. Un vecino en bata sube las escaleras casi de puntillas, nos saluda con la mano indicándonos con su dedo índice que los gritos vienen de algún piso más arriba.
Oímos como si arrastrasen una cama. Otro grito y el ruido que produce alguien vomitando, hace que paremos en seco. Es en el octavo, nos dice un vecino por el hueco de la escalera, con un tono de voz muy bajo casi susurrando, subimos. Nos armamos de valor y a la de tres abrimos la puerta. Manolo, está en una esquina de la habitación vestido tan solo con un calzoncillo de pata larga y apoyando su espalda contra la pared. Asustado nos mira y vemos como le suda la calva y le cae sudor hasta del finísimo bigote. Juana, la mujer, con la cara verde por alguna mascarilla de pepino, los rulos y vestida tan solo con un camisón, no para de vomitar y tiene sobre sí misma y sobre la cama y el resto de la habitación lo que podríamos definir como los restos de una suculenta cena. Cama, paredes y techo, repletos de una masa viscosa. La imagen pronto me traslada a la película El exorcista, que tanto impactó en la época que se estrenó. Un virus estomacal, ha producido tanto revuelo, cosa que en parte nos ha aliviado a todos. Nos dispersamos de la casa del vecino, no sin antes ofrecer nuestra ayuda. Ellos amablemente la declinan. Cada cual, comentando lo mal que lo hemos pasado, se encamina hacia su casa. Algunos siguen con el susto en el cuerpo, otros en los que me incluyo, no podemos ocultar una sonrisa.
Posted on 15 marzo 2012 by letrasenvena
Por Eduardo Boix
Me vienen tres recuerdos recurrentes de la infancia: un colegio que detestaba, las tardes de toros con mi abuelo y las visitas al matadero acompañando a mi padre a seleccionar género o a comprar tripas para hacer embutido. El cuarto de las tripas olía a demonios y siempre me venían arcadas, todavía mi pituitaria me acerca ese aroma.
La infancia posiblemente es la etapa de la vida de un ser humano que más nos marca. Quizá todo lo que nos ocurre en esa parte de nuestra existencia nos influye para siempre. La primera vez que vi la película el Resplandor yo no contaba más de 7 u 8 años. Recuerdo que la vi sin sobresaltos, saboreándola como si fuese un adulto con una gran cultura cinematográfica. Aluciné. Quedé fascinado ante aquella obra angustiosa y aterradora. Mi tía a mi lado se pasó toda la película tapándose la cara, yo no pude apartar los ojos de la pantalla, estaba hipnotizado por la historia. Jamás había visto nada de esas características.
Jack Torrance podría ser un padre cualquiera de una familia cualquiera. Tras ver la película pensé que ese personaje podía ser mi padre. En casa no teníamos hachas pero si multitud de cuchillos debido a la profesión que él ejercía. Empecé a inquietarme en los pasillos, huía de las dos hermanas gemelas, que me perseguían en el colegio, me asustaba orinar junto a la bañera por si una mujer en plena descomposición me atacaba sin razón alguna. No estaba tranquilo en ninguna parte, ni en casa, ni en la calle ni en el colegio. El desasosiego me duró unos cuantos meses. Hoy en la distancia después de haberla disfrutado, devorado y saboreado varias veces, no la siento con la misma intensidad de aquel primer visionado. Toda película vista varias veces pierde su fuerza, aunque esta siempre consigue pegarte a la silla.
Algunas vece me gusta pasear por Leroy Merlín. Me encanta ver todo lo relacionado con el bricolaje amontonado en una gran superficie. Disfruto con las mazas, las sierras, las hachas, florece el niño que hay en mí al que le encantaba observar todo lo que fuesen trabajos artesanales, aunque a mí nunca se me dieran bien las manualidades en el colegio. Al pasar de un pasillo a otro un extraño hombre con camisa de cuadros me mira sonriéndome con complicidad. A la derecha lleva un niño de la mano, rubio, angelical que juega entre las estanterías, a la izquierda su mujer, piel blanca, pelo largo, liso, negrísimo habla sin parar. Me vuelve a mirar y un sudor frío recorre mi espina dorsal.
Posted on 06 marzo 2012 by letrasenvena
Por Eduardo Boix
Quise ser poeta para admirar la belleza y darle nombres. En infinidad de ocasiones he bautizado a la cajera nueva del supermercado, a la panadera, a la madre que empuja el cochecito o la chica que espera en la parada del autobús con el paraguas azul y el anorak rojo. No solo he sido testigo mudo de su belleza, también he imaginado sus vidas y he recreado su futuro. Mientras voy en el autobús observo la belleza que se cruza a mi paso. Los niños que descubren el mundo por primera vez, las parejas de adolescentes que aman como si se les acabase el mundo, la mujer que ataviada con su uniforme de limpiadora manda besos a su marido por teléfono. Pero siempre tiene que haber algo que lo joda, los viejos. Algunos son nuestros zombis. Hablan emitiendo gruñidos, cada vez que tienen ocasión escupen, huelen a una mezcla de sudor y Varón Dandy y te empujan para sentarse o para entrar en cualquier sitio.
La primera vez que vi una película de zombis fue, siendo aun adolescente en casa de un amigo, mientras descansábamos de alguna partida de un juego de rol llamado Ciberpunk. La noche de los muertos vivientes tiene un comienzo impactante. Dos hermanos discuten en un cementerio mientras se les acerca un muerto viviente. La tengo guardada en la memoria. Que grandes momentos nos ha traído George A. Romero a la historia del cine, es y será el maestro de la cultura zombie. Miles de fans hemos disfrutado de esa película y de muchas otras suyas o de otros directores que han intentado superarle. Recuerdo aquella noche como si fuese hoy. Todos los amigos alrededor de una mesa llena de pizzas y litronas, comiendo sin parar y fascinados por lo que estábamos viendo. Esa fue la primera de una gran colección de películas que vinieron sin llamarlas, se presentaron una a una, cada cual en un momento preciso.
Busco lo hermoso que nos regala la vida a cada paso que doy. Me encanta cruzar la ciudad de punta a punta observando lo bello en su unidad y conjunto. Una madre que ríe, una hija que hace pompas, el filtro del cigarro recubierto de carmín. Intento que todo me sorprenda. Al pasar una calle está uno de ellos. Permanece inmóvil con su andador. Se le une otro, viene otro más. Miro de reojo. Se percatan. Comienzan a moverse, con sus gruñidos, sus aromas y sus esputos. Solo me queda correr.
Posted on 28 enero 2012 by letrasenvena

Por Eduardo Boix
Hasta hace unas semanas los vecinos del ático deambulaban solos de noche, daban miedo. La comunidad permanecía pendiente de sus movimientos. Nadie conocía nada de sus vidas y siempre que nos los cruzábamos por la escalera les evitábamos, creíamos que eran vampiros. Cada vez que mi padre subía con ellos en ascensor venia y me decía: Mira que son raros ella parece una bruja y él un no muerto.
A lo largo de mi vida la figura de Drácula me ha perseguido, no para morderme, sino para ser un rasgo más de mi personalidad. De pequeño mi abuela me llamaba Draculín, debido a que poseía unos prominentes colmillos. En las tardes de merienda aprendí a contar con el conde Draco, tenía una manía obsesiva, y es que este Drácula simpaticón lo contaba todo: murciélagos, ronquidos, … Así aprendimos a contar todos los niños de mi generación. Creo que se transformaba en murciélago con una explosión de humo. Con más edad fui fan de la saga el pequeño vampiro de la autora alemana Angela Sommer-Bodenburg. Años más tarde descubrí a Bela Lugosi y a Christopher Lee, realmente me dio más miedo el primero que el segundo. Christopher Lee tenía presencia, pero Lugosi poseía la maldad en la mirada. En 1980 un director español que se llamaba Iván Zulueta estrenó Arrebato, película de culto que trató el tema de los nuevos vampiros, los heroinómanos. Ahora desde la distancia, creo que se equivocaron de personajes, ya que más que vampiros parecían zombies. Zulueta fue un gran admirador de la figura del vampiro, ya que varios de sus cortometrajes tratan sobre estos. Con el tiempo Coppola intentó hacer su propio vampiro eligiendo a un magnífico Gary Oldman en el papel de Vlad e incluso Tom Waits tuvo un gran mini papel. A pesar de que la película era bastante fiel al libro de Stoker y que revisionaba el mito haciéndolo más aristocrático si cabe, no tenía la fuerza de Bela Lugosi, eso sí está película tuvo uno de los finales más románticos de la historia del cine cuando él le dice a ella: “Nuestro amor es más fuerte que la muerte. Dame paz”.
La comunidad disfruta de unas tranquilas navidades sin los vampiros. Parece que aquellos vecinos se fueron con sus sombras y su sangre. A veces cuando vemos sombras creemos que son ellos y nos aterrorizamos. Nunca me fijé si se reflejaban en los espejos.
Fue publicado en El Perseguidor del Diario de Avisos de Canarias.
Posted on 21 enero 2012 by letrasenvena
Por Eduardo Boix
Tuve un sueño recurrente en la infancia. Una bruja con la cara pintada de verde me atacaba y reía. Tenía una risa maléfica y aguda que se te metía en las entrañas. Con el tiempo supe que se trataba de la bruja mala del Oeste del Mago de Oz. Supongo que alguna vez de muy niño vería la película y se me quedó en el subconsciente. El primer libro que me fascinó de pequeño fue El mago de Oz, fue el regalo de las navidades de 1986, todavía lo conservo intacto. Buceando en la memoria observo que utilizo aquella historia de forma recurrente, e incluso, me gustan los libros que utilizan esa historia una y otra vez.
La película del mago de Oz fue todo un boom para la época. Tanto en efectos especiales, como en interpretaciones. Todos amamos a Judy Garland cuando canta somewhere over the rainbow, y cuando dice aquello de: En casa como en ningún sitio. Con el tiempo la madurez nos hizo saber que el rodaje fue bastante tormentoso. El señor de hojalata casi muere debido a los metales que llevaba su maquillaje, la bruja del Oeste se quemó debido a una explosión incontrolada cuando va a desaparecer por lo que hasta mucho después de la finalización del rodaje, no pudo desprenderse del tono verdoso en la cara que se le quedó tras el accidente, los enanos que interpretaban a los Munchkins intentaron abusar sexualmente de Judy Garland en varios momentos del rodaje. La magia del cine nos oculta todos estos detalles. Nos quedamos con las canciones, la alegría y la magia.
El otro día caminando por las calles de mi ciudad junto a mi pareja y unos amigos, comenzaron a salir a nuestro encuentro cientos y cientos de brujas del Oeste. Se multiplicaban a cada paso que dábamos, era Halloween y todas las chicas querían ser aquella perversa bruja. En la historia del mago de oz la bruja en realidad es la vecina gruñona de Dorothy. Una mujer chillona y poco agraciada físicamente que es un tormento para ella. Todos alguna vez en nuestras vidas hemos tenido una vecina de esas que nos ha martirizado con sus críticas. Que ha desaprobado todo lo que hacíamos porque éramos niños y no nos podía controlar. En el fondo todos los hombres tenemos un amor-odio con esa bruja. ¿Quién no se ha acostado y se ha levantado con una mujer con la cara verde por la dichosa mascarilla de pepino?
Texto aparecido en EL PERSEGUIDOR suplemento cultural del diario de Avisos de Canarias.
Posted on 11 enero 2012 by letrasenvena
Por Eduardo Boix.
Cuando quiero bromear me miro en el espejo y hablo de la mecha de canas que me ha salido en lo más alto de mi cabeza en medio de la frente. Parezco el gremlin malo digo con resignación. Es evidente que gremlins malos son todos menos aquel tierno peluche llamado Gizmo, pero es una forma de ironizar con el paso de los años.
Recuerdo como si fuese hoy la primera vez que vi aquella película titulada Los gremlins. Saltándose las reglas mis padres me dejaron quedarme a pesar de que al día siguiente era día de colegio. Quedé totalmente fascinado por la historia. Aquellos bichos me hicieron disfrutar tanto que me costó conciliar el sueño.
Años más tarde investigué sobre el origen de la leyenda en la que se basaron los guionistas para crear la historia. Un gremlin es una criatura mitológica de naturaleza malévola y popular en la tradición de países de habla inglesa. Los gremlins son capaces de sabotear maquinaria de todo tipo. Esta percepción popular de los gremlins proviene de un cuento contado entre los pilotos ingleses de la Royal Air Force de servicio en Oriente Medio durante la Segunda Guerra Mundial. La historia intentaba explicar los accidentes frecuentes que se sucedían en sus vuelos. Se comentaba que eran animales que destruían todo, y era una forma de explicar las caídas de los aviones, sin necesidad de ser atacados. Aunque este uso data de la década de 1920, se cita al autor Roald Dahl como el responsable de la popularización del gremlin, al haber escrito sobre estas criaturas en su primer libro infantil, titulado precisamente The Gremlins (1943) y que fue publicado por Walt Disney.
Todavía conservo un peluche de Gizmo el protagonista de la historia. Me sigue dando miedo que un día puede cobrar vida y me pueda atacar. Sigo a rajatabla las tres consignas que dice el vendedor del gremlin al padre del protagonista de las dos películas. 1 No exponer al gremlin a las luces brillantes ni a la luz del sol, ya que ambas lo matarían. 2 Nunca darle de beber agua ni mojar al gremlin. 3 Y la más importante, nunca alimentar al gremlin después de la medianoche.
Cuando la vecina de abajo no me deja concentrarme para escribir, deseo que existan estos seres endemoniados y le destrocen la casa. Yo mismo los mojaría y les daría pollo más allá de la medianoche.
Texto aparecido en EL PERSEGUIDOR suplemento cultural del diario de Avisos de Canarias.
Posted on 04 enero 2012 by letrasenvena

Por Eduardo Boix.
Seguro que si elegimos al azar a cinco personas y le decimos que realicen una lista con los 10 malos de cine que mas recuerdan, Darth Vader aparecería en el 90% de las mismas. De niño me tragué las tres de la guerra de las galaxias, varias veces, me encantaban. Recuerdo aquellas tardes de verano en el campo de mis abuelos con aquel video beta, una pila de cintas y la merienda. Me viene a la memoria la imagen en que en plena lucha dice: Luke, yo soy tu padre, todavía me erizo recordándolo.
George Lucas clavó este malo. Creo que ha sido el malo más bueno para toda una generación. Todavía retumba su vozarrón en las cabezas de los millones de fans de la saga. Este malo hizo que nos creyésemos su maldad, mirándonos a través de ese casco inexpresivo. Con el paso de los años se ha convertido en un icono de la cultura popular, todos los menores de 40 hemos tenido algún juguete, alguna camiseta o cualquier producto de esa máquina de hacer negocio que es el señor Lucas.
Para buscar en los orígenes del personaje quizás podíamos remontarnos al judaísmo ya que es el elegido que destruirá a los sith. Una especie de mesías que salvará a la galaxia de la maldad. Un Cristo que nace de Shmi Skywalker pero no conocemos al padre. Evidentemente no deja de ser humano, con sus virtudes y debilidades por eso se va al lado oscuro, por su vanidad, por su orgullo.
En ocasiones, he soñado con este personaje. Imagínense que Darth vader es el vecino de abajo y sube a su casa acompañado de unos Stormtroopers, porque le ha salido una humedad en el techo del baño. En otras ocasiones aparece en bata de cuadros en plena reunión de la comunidad enzarzado en una discusión sobre si es conveniente o no solicitar una plaza reservada de discapacitados para poder estacionar la estrella de la muerte en la puerta de casa. Es uno más de mi círculo. Un compañero fiel en mis momentos de soledad. A veces le pido consejo como si se tratase de un dios que escucha mis plegarias. Es como un San cucufato espacial que me ayuda a encontrar cosas bajo las pilas de libros que pueblan mis estanterías.
Publicado en El PERSEGUIDOR de el Diario de Avisos de Canarias.