A veces el arte contemporáneo te explota en la cara como un artefacto dispuesto a destrozarte. Evidentemente los daños físicos no existen pero hay una serie de artistas que moralmente te dejan bastante tocado. Un ejemplo claro de esto es Ángelica Liddell, dramaturga y actriz que venero y que es uno de los ejemplos más claros.
De padre militar, sus idas y venidas por distintos cuarteles, supongo que le hizo construir ese mundo interior en apariencia atormentado. Ese mundo de uniformes, armas y disciplina hizo crear en ella un fondo sobre el que se ha rebelado. De la infancia de Liddell, que vio pasar en una grúa el coche destrozado de su padre y lo creyó muerto, que olió el humo de su casa incendiada, sobresalen pocos recuerdos positivos. Si acaso, un naranjo tras el cuartel. Y el fútbol. Estas cosas han podido ser las herramientas de una de las voces más personales del teatro actual.
De pasagorras en el retiro, recibiendo monedas a cambio de historias o animadora en Port Aventura, a triunfadora en el Centro Dramático Nacional, es la recompensa de una actriz con una apuesta muy fuerte, basándose todo en la citica a una sociedad demasiado podrida. Su nombre artístico proviene de la niña en el que se inspiró Lewis Carrol para crear el personaje de Alicia.
Lleva 20 años en esto y por lo que dice su web no para. Su apuesta por la provocación le está abriendo un hueco. Su puesta en escena y su mezcla de texto duro con a veces un aspecto descuidado, hacen de sus obras un reclamo para espectadores sedientos de nuevas experiencias. Tal vez estos datos, sean también relevantes a la hora de que no la contraten en ciudades o pueblos de la periferia. Es raro encontrar estas apuestas tan arriesgadas en lugares en que si no es algo muy clásico o que lo radian en las radiofórmulas, no lo programan.
Como siempre, una vez más estoy demostrando que me va lo salvaje. Desde siempre me ha encantado presenciar a los artistas que cruzan los límites para expresar el dolor humano. Angelica Liddell es uno de ello, yo la denomino la Marina Abramovic española. Espero algún día poder verla en directo. Os recomiendo que pongas en google su nombre. La web no tiene desperdicio.
Como dice Buenafuente la obligación del cómico es ser crítico. Así la Compañía Mandril no dejó títere con cabeza. La crisis, la especulación, los políticos, el trabajo, el triunfo, el cambio de gobierno, el apocalíptico fin del mundo, … todo tuvo su espacio en un espectáculo contenedor que además de hacer reír dejaba la impronta de su punto de vista para aquellos que sean capaces de reflexionar, ya lo hacía Gila con el teléfono y la guerra. Ayer tuvimos el segundo pase de Bonsái en L’Escorxador. Luchando contra el Madrid-Barça, unos 80 estaban allí, pues todo tiene su público. Feliz aniversario chicos, seguid así.
Fernando de Rojas escribió a finales del siglo XV la historia de una alcahueta que con enredos consigue la unión de dos amantes, queriendo sacar beneficio, aunque todo termina de forma caótica con la muerte de los implicados. Ayer tuvimos La Celestina en el Gran Teatro de Elche con la actriz Gemma Cuervo representando a aquella puta vieja cosedora de virgos, como repetían en la obra, vuelve a los escenarios tras nueve años de televisión, la recordaréis de Aquí no hay quien viva y La que se avecina, demostrando que todavía puede desarrollar su trabajo a sus setenta y cinco años. La acompañaron, entre otros, Alejandro Arestegui (Calisto) y Olalla Escribano (Melibea). La obra se estrenó en Clásicos en Alcalá con lleno absoluto, ayer el teatro tampoco estaba vacío aunque hubiese mercadillo navideño y frío en la calle. Su público la acompañó y le rindió ovación al terminar la obra.
Mariano de Paco Serrano es el director del montaje y Eduardo Galán adaptó al teatro la obra. Versión sintetizada para dejar la obra en poco más de dos horas y en la que se han sustituido algunos arcaísmos por palabras comprensibles para el espectador. Un montaje sencillo y móvil fue a parte de algún atrezzo que servía tanto de cama como de mesa lo único que nos aportó la forma de imaginarnos los ambientes y los espacios, por otra parte muy bien resuelto.
Eduardo Galán ha buscado el dinamismo de la acción, el ritmo de los conflictos, la rapidez del paso del tiempo, para reflejar la idea central de la obra: el carpe diem, la brevedad de la vida, la necesidad –como dice Celestina a Melibea- de disfrutar de la juventud antes de que la vejez arruine la belleza.
Quien me sorprendió gratamente fue Olalla Escribano, actriz catalana que recordaréis de la serie Lalola, que se formó en el teatro y ayer con su voz y su buen hacer le dio fuerza a Melibea.
La vida de un hombre contada a modo de chanza en medio de la plaza del pueblo e interactuando con sus gentes. Un juglar era un hombre que por dinero y ante el pueblo cantaba, bailaba o hacía juegos y truhanerías. Eso fue lo que disfrutamos. Ayer el Gran Teatro de Elche estaba lleno como en los mejores tiempos, la expectación podía palparse en el ambiente. San Francisco Juglar de Dios de Dario Fo (Premio Nobel de Literatura en el 97) iba a ser representada por El Brujo, nadie se lo quería perder.
Se habló de la vida de un santo hecho hombre, de sus luchas, sus pasiones y sus debilidades. Acercó a las gentes humildes lo divino y lo mundano. Se detuvo en lo importante, pero también hizo partícipes a los detalles insgnificantes, haciendo posible que se pudiera imaginar las escenas como si se estuvieran viviendo. Hizo de la improvisación en las tablas un arte con un atrezzo mínimo.
Fueron dos horas ininterrumpidas de espectáculo con un descanso que al final se convirtió en una continuidad que fue una explicación sobre la obra y una comparación con la actualidad. El tiempo se pasó muy rápido, la entrega del artista fue absoluta y consiguió la atención y las risas de un público que le aplaudió y se levantó de las butacas para rendirle homenaje.
Todos la recuerdan como Carlota, aquella peluquera insegura que empieza una relación con Gonzalo, el camarero del bar, que empieza siendo una relación dependiente y termina con un ni contigo ni sin ti aún teniendo una hija en común. Fueron años de risas con 7 vidas, lo abandonó por el teatro del que provenía y al cuál nunca había renunciado. En Mérida lo demostró.
El cine también le trajo alegrías. En Alatriste fue el inquisidor Fray Emilio Bocanegra. En Los fantasmas de Goya fue María Luisa de Parma, reina consorte de Carlos IV. Además fue chica Almodóvar con Volver y Los abrazos rotos. Entre una y otra tuvo su primer papel protagonista en cine en Siete mesas (de billar francés). El año pasado en Acusados fue la jueza Ballester.
En Mérida fue Medea como lo fueron Nuria Espert y Margarita Xirgu. Abandonó la dirección del Festival de Teatro Clásico de Mérida, después de un sólo curso al frente. Los entramados de la gestión con bailes de cambio de corte suponen un agotamiento que no está comparado con el de la actuación. Ahora continúa trabajando con Paseo Romántico junto a José Coronado. De la mano de textos románticos del siglo XIX de autores como Espronceda o Zorrilla.
La pérdida de la inocencia. El personaje de Fanchon realiza un revelador camino que la cambia para siempre. Su prima Susanne le ofrece las herramientas para disfrutar de su propio placer, dependiendo o no de los hombres. Le revela todo aquello que una doncella debería saber para poder tejer las estrategias de su propio destino sin que otros decidan por ella. Lo único que debe es parecer virtuosa a ojos de los demás para evitar, como siempre, las lenguas afiladas que puedan hacer perecer la virtud de una dama. Desde el siglo XVII hasta nuestros días una de las cosas más sencillas es mancillar el honor de una mujer.
Como afirma Luis Luque en el libreto Susanne nos cuenta que el ímpetu de la naturaleza no entiende de normas escritas por ninguna mano de hombre. En intimidad ellas sostienen un vocabulario sin ambages, un ideario contundente sin resquicio alguno en el discurso de la doble moral, la ven, la señalan y se aprovechan de ella. Ahí radica su grandeza. Este proyecto nace con emoción de saldo de alguna deuda, la emoción de poder contribuir humildemente a colocar [...] el placer de la mujer en el mismo lugar que el hombre pone el suyo, en la misma alta repisa.
Así nos muestra a Cristina Marcos recitando según abecedario una larga lista de sinónimos sobre el miembro viril o mostrando tal cual premio en una caja de madera un consolador de la época. Y a María Adánez dentro de una bañera de pie con camisola contándonos su primer encuentro carnal con un varón. Ambas maravillosas. No se necesita demasiado atrezzo para hacer llegar al público una buena historia. Si se hace reír y además disfrutar en directo de viola de gamba y soprano, siempre es un deleite.