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Por Vanessa Díez.

 

Dedicó su vida a la música, pero no como mujer sino como hombre. Se cree que el sexo determina el género humano, muchas veces no es suficiente. Debemos vivir como sentimos y no cómo nos dictan los cánones sociales. A estas alturas la gente todavía se escandaliza ante cambios de sexo o de género, pero desde que el mundo es mundo han existido variaciones más definitivas o menos que han significado una vida distinta, un camino hacia la libertad. La Gran Depresión ofrecía pocas oportunidades, menos para las mujeres. Dorothy apostó por sobrevivir, su sacrificio fue ser un hombre a tiempo completo, la música era lo más importante. El espectáculo debía continuar.

Su muerte a los 74 en la pequeña ciudad de Spokane, Washington, fue una de las noticias más destacadas del año 89, porque se descubrió que en verdad era una mujer que había vivido haciéndose pasar por hombre. No se publicó en prensa nada hasta después del entierro. No hubo forma de parar la verdad. Todos lo supieron entonces. La familia se dividió, hasta hubo dos urnas para sus cenizas.

Cuando la ambulancia llegó al domicilio de Tipton, un sábado de enero de 1989, su hijo adoptivo William estaba esperando para trasladarle de urgencia al hospital. Los médicos pusieron el débil cuerpo sobre la camilla y al abrir la camisa del pijama para revisarle descubrieron unos pechos femeninos. Durante todo aquel tiempo nadie había visto su pecho desnudo, ni siquiera sus mujeres. La autopsia determinó que el cuerpo correspondía al de una mujer biológicamente normal.

Fue un pianista de jazz y saxofonista, llegando a destacar en su mundo. En 1933 comenzó su carrera musical en pequeños locales de Oklahoma y no tardó en ver que la música de Jazz era terreno masculino. De modo que comenzó a usar el nombre de su padre, Billy y en 1940 ya vivía como un hombre por completo. Así Dorothy Lucille Tipton se convirtió en Billy Tipton. Tenía 19 años. El jazz en los años cuarenta tenía reglas sexistas y racistas, que no se podían romper.

Grabó unos discos que se hicieron bastante populares, pero no ha dejado muchas grabaciones, se especializó en el directo. Tras su muerte una biografía (Middlebrook), una novela Trumpet (Jackie Kay) y la comedia musical The Slow Drag (Carson Kreitzer).


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