Por Vanessa Díez.

L’enfant terrible no puede estar quieto. Siempre se saldrá del camino, para que se hable de él. Su fama se fomenta bajo sus corrompidas acciones, al ser creador en esta sociedad de consumo se le perdona. Sus salidas de norma se aceptan como otra de las suyas, como todo niño rebelde no acepta caer en el olvido. Ahora nos llega, Una novela francesa, fruto de su detención por consumo de drogas.

Con 13,99 fue número uno en ventas en Francia. Su visión sobre el mundo de la publicidad le trajo un despido y un cambio de vida que ansiaba desde hacía mucho tiempo. Algunos la catalogan como venganza y como hipérbole sobre el sector, ya nos advierte desde las primeras líneas, era su creativa forma de buscar el despido.

Entre línas de ficción se ocultan las reales, siempre la realidad supera a la ficción. Nunca podríamos saber que fue cotilleo del sector o suceso ocurrido y que acaba de forma escatológica. Lo que se puede disfrutar es la forma ácida y sin miramientos de afrontar la escritura de su autor, que no se detiene ante nada.

 

En 2009 con Una novela francesa ganó el premio Renaudot. Es el segundo más importante en lengua francesa, aunque no tenga remuneración económica. Sus 48 horas detenido le sirvieron para inspirar esta novela en la que reflexiona sobre su pasado y de paso despotrica sobre el sistema penitenciario. Fiel a su estilo, seguro que no queda títere con cabeza.

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