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Por Vanessa Díez.

Otra mujer se nos ha ido. Esta vez ha sido el mundo de la música barroca la que se ha quedado huérfana. Con tan sólo 63 años la voz de la Sibila calla para recordarla tan sólo en grabaciones. Ya no podré disfrutarla en directo, tan sólo cerrar lo ojos y darle al play para trasladar a otro mundo. Perdí las oportunidades que nos dio al venir por estas tierras, una de ellas haciendo una versión del Misteri d’Elx. Desde aquí nuestro más sentido pésame a Jordi Savall, al que le ha quedado un hueco en el alma. Encontrar a alguien que comparta vida y pasión de tal forma no es fácil, ahora que se ha ido sólo queda seguir viviendo.

Mujer, artista, madre, esposa y maestra. Participaba en la fundación CIMA, dedicada a la difusión, documentación, catalogación y docencia de música antigua, tal organismo es un referente internacional por la revalorización de la música antigua interpretada con instrumentos de época. Savall y Figueras crearon el sello discográfico Alia Vox, que edita música antigua. Además compartieron actividad en Hespèrion XX, en La Capella Reial de Catalunya y en Le Concert des Nations. Su amor a este mundo lo heredaron sus hijos, Arianna y Ferran. Viajaron por el mundo compartiendo su talento con el resto de los mortales.

Entre los premios recibidos: el Grand Prix de la Nouvelle Académie du Disque y el Grand Prix de l’Académie Charles Cros. Desde 2003 era dama de la Orden de las Artes y las Letras. En 2008 Savall y Figueras fueron elegidos artistas por la paz por la Unesco.

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