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Por Vanessa Díez.

Las mujeres. Sabe que el mundo siempre estará en deuda con ellas, capaces de engendrar vida y arroparla, de cultivar trigo y amasar pan, de curar con sus manos y su vigilia, de poner risa y esperanza sobre las ruinas y el desastre. Capaces de conducir hacia la salida del laberinto. Las mujeres.  Las guerras se libraron, porque las mujeres tomaron gran parte de la retaguardia, cuidando familias y entrando a trabajar en fábricas y campos, ocupando los lugares que los hombres dejaban vacíos para ofrecer la vida por la causa. Sin ellas todo habría sido distinto.

Blanca Álvarez asumió la responsabilidad de contar las historias de los vencidos, de los olvidados, cree que si la literatura no es subversiva no es nada. Tiene razón, ya existen los libros de historia para contar lo que consiguieron los vencedores, dejemos que los escritores puedan transmitir otras realidades ocultas en secretos de otro tiempo.

Clara es una niña que vive ajena a parte de la realidad y es en el monte donde empieza a conocer historias propias que ni siquiera imaginaba que existieran. Se le acerca un hombre que se siente vencido y sólo tiene historias para ofrecerle. Un trozo de pan por una historia.

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