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Por Vanessa Díez.

Hace 100 años debutó en el Teatro Arnau de Barcelona. La violetera que conocimos de labios de Sara Montiel era parte de su repertorio que llevó por todo el mundo. Incluso Chaplin utilizó una versión de aquella canción para su película Luces de la ciudad (1931), ya que no consiguió que ella quisiera participar. Gracias a ella el cuplé dejó de ser canción de segunda. En los años treinta disfrutó en Francia de su prosperidad, era famosa. Durante un tiempo tuvo más ingresos que Carlos Gardel. Tenía voz, belleza, elegancia, unos grandes ojos negros y talento. Está considerada la artista española con más éxito internacional en el siglo XX. La Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial cambiaron su carrera.

En 1918 ya era una estrella, por ello Sorolla le hizo un retrato que está en el Museo Sorolla de Madrid. Después llegaría el cine. Su primera película fue Los arlequines de seda y oro (1919) que en el extranjero se llamó La gitana blanca. Se trasladó a París, cantaba y hacía películas como La rosa de Flandes (1922), Violetas imperiales (1924), Carmen (1926)… En Hollywood hizo varios cortometrajes con canciones.

En 1926 gira por EE.UU: Nueva York, Filadelfia, Chicago, Boston, Los Angeles, Baltimore … Y fue portada del Time el 26 de abril de 1926. Parece que no fue Sara Montiel la primera en aparecer por Hollywood, otra fue la pionera, la que le abrió el camino, ya que compartieron belleza y parte del repertorio, Sara fue su seguidora de más éxito. En París su popularidad alcanzó a la de Sarah Bernhardt, Mistinguette, Eleanora Duse, Isadora Duncan o Josephine Baker. Sarah Bernhardt dijo de ella: Raquel Meller es un genio. Es arrogante, implacable, adorable, divertida, temperamental, ingeniosa y absolutamente egocéntrica.

Tras volver de Argentina vivió en Barcelona hasta su muerte. Sola, aunque no arruinada. Adoptó dos hijos (también como Sara, coincidencias de la vida) pero no tuvo con una de ellos una relación estrecha, como con sus dos maridos, tampoco tuvo suerte con los hombres. Al menos tuvo a su hijo que la acompañó hasta el final.

Se resistía a ser olvidada e hizo alguna aparición como en 1946 o en 1958 tras aparecer la película La Violetera que se hizo tan popular con aquella canción que ella había llevado por el mundo. Arremetía orgullosa contra aquella seguidora que le estaba robando sus aplausos. Eran suyos. El público ya la había olvidado. Moría en 1962. Su última voluntad: que nadie viera ni fotografiara su cadáver.

El Instituto Cervantes le hizo ayer un homenaje en el Teatro Lara de Madrid. La cantante Julia de Castro recordó los diez temas que hicieron famosa a Raquel Meller.

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