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Por Vanessa Díez.

Claire Denis nos muestra África a través de sus ojos. Juega a la no ficción, como si de un documental se tratara. Algunos de sus retales son bellas imágenes de un país sumido en el caos. Su protagonista es una mujer que no escucha a los demás, no quiere abandonar aquello por lo que lleva luchando todo el año, para ella recolectar el café de su plantación es lo más importante. Una familia desmembrada en la que cada uno toma un camino que determinará el de los demás sin remedio.

Supongo que existirá guión, pero le faltan elementos que unan las piezas, quizá un narrador omnipresente hubiera aligerado algunos silencios inacabables, para que predominase una lógica narrativa que explicase la razón o la sin razón de unos personajes que iban hacia el infierno. Faltaba fuerza, rabia y entrega.

Décimo trabajo de la directora francesa, la cual al crecer en diferentes colonias francesas trata la multiculturalidad en sus trabajos. Su estilo es inconfundible.

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