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Por Eduardo Boix

Es triste ver como todo está tan mal cuando atravesamos una etapa muy fértil en el terreno de las artes y las letras. Cuando en muchas ocasiones me preguntan si la poesía ha muerto, respondo que no, que está más viva que nunca. Me remito a las pruebas de que cada día se crean sellos nuevos y poetas emergen con fuerza.

España está viviendo el mejor momento para la música, para el teatro, las artes plásticas, la literatura. Internet ha tenido la culpa o la gracia de abrir la cultura a más gente y con un doble clic de ratón podemos llegar a más espectadores-lectores. Pese a este boom creativo la situación económica merma cualquier posibilidad que haya. Muchos artistas ante tanta dificultad o rechazo, se crecen, otros sin embargo se hunden y lo dejan todo. Es triste que no se premie la creatividad en un país tan rico culturalmente como este. A la mayoría de los personajes institucionalizados les importa bien poco el arte, a no ser que puedan sacar un amplio rédito económico. Muchos de los artistas hoy muy cotizados también fueron rechazados en infinidad de ocasiones, a muchas estas negaciones les produjo, incluso depresiones muy fuertes.

Hay un ejemplo muy claro y extremo de lo que puede producir la negación es John Kennedy Toole. Para los que no lo sepan fue el autor de la novela La conjura de los necios Esta obra publicada póstumamente en 1980 y ganadora del Pulitzer en 1981, debe su título a una cita de uno de los clásicos de la sátira: “Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra é”l (Jonathan Swift). Keneddy Toole se suicidó por los múltiples rechazos editoriales. Él era consciente de su talento pero no pudo aguantar la presión. Otro ejemplo que acaba de salir a la palestra es la novela Claraboya del Nobel José Saramago. Esta obra escrita en su juventud y rechazada por varias editoriales, tiene los personajes que tiempo después protagonizaron las novelas del escritor luso. Según palabras del Nobel, estaba escrita antes de tiempo. Su orden expresa fue que se publicara después de su muerte.

Como estos dos ejemplos seguro que a día de hoy, estamos siendo testigos de muchas más. El mundo de la política siempre recorta a los de siempre, pero mentes despiertas y llenas de creatividad, nunca van a morir.

 

 

 

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