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Por Eduardo Boix

Bajo mi punto de vista el Alzheimer es una putada que nos puede pasar a todos. Mi abuela fue una de sus víctimas y aun hoy, tenemos muy presente sus devastadoras consecuencias. Mi abuela cerró su vida con el recuerdo más atroz, la decapitación de una mujer en el bombardeo del mercado de Alicante, ejecutado por la aviación italiana. Es triste como está dolencia crea una involución, hace retroceder a los que la padecen hasta prácticamente llegar a su propio nacimiento. Esta enfermedad tiene su origen en el psiquiatra alemán Alois Alzheimer que identificó el primer caso de lo que se conoce hoy como enfermedad de Alzheimer, en una mujer de cincuenta años de edad, a quien llamó «Auguste D». El investigador hizo seguimiento de su paciente hasta su muerte en 1906, momento en que por primera vez reportó el caso públicamente. Tras su muerte, Alzheimer examinó el cerebro de la mujer al microscopio. Anotó las alteraciones de las “neurobrillas”, elementos del citoesqueleto teñidos con una solución de plata.

El pasado jueves me acerqué a la filmoteca con la intención de ver la premiada Arrugas. La película de animación, es como el cómic en el que se basa, una buena aproximación a la maldita enfermedad que tan de moda está en este siglo XXI. A través de Emilio, protagonista de la historia, nos aproximamos a la evolución de esta dolencia, desde los primeros síntomas hasta el estado vegetativo en el que acaban casi todos. A pesar de la tristeza que me invadió debido a la multitud de recuerdos que me abordaron, pude disfrutar con una obra maravillosa que te golpea en lo más profundo del corazón. Al salir del cine, con lágrimas en los ojos, pude comprobar que el proceso de documentación de Paco Roca, autor del libro, es minuciosa. Realmente no se si conoce la enfermedad de primera mano, porque trata el tema con una sensibilidad propia de una persona que ha tenido un familiar en esta situación.

A pesar de la dureza de la historia, Arrugas es un ejemplo claro de que la animación en España está en un buen momento. Temas tan delicados como el Alzheimer, deben tener un tratamiento fuera de lo común, que pueda despertar en el público un interés especial. Los dibujos y el humor, son una buena mezcla para que se puedan digerir historias tan duras.

 

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