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Por Sandro Maciá

Si hace unos años, cualquier modisto, diseñador –o, simplemente, amante de la moda- hubiera tenido en sus manos uno de estos modelitos que tanto se llevan ahora, seguro que habría optado por prenderse fuego –a él, no al modelito- o arrancarse los ojos, preso de la impotencia, de la desilusión y de la tristeza.

Y es que, si nos paramos ante los escaparates de cualquier gran almacén o franquicia textil, podemos observar que todo el camino que algunos gurús de la moda han ido recorriendo hasta conseguir que dejemos de escandalizarnos ante los estampados más recargados o ante la pedrería más pesada parece haberse ido al traste. Hoy, lo que “lo peta” -como dicen los chavales del barrio-, ya ni se asemeja a esas prendas de mil capas. No, ni por asomo. Ahora el relevo lo toman los básicos, lo naif, lo retro, las combinaciones “en bloques” cromáticos…

Vamos, que llegado a un punto de enrevesamiento extremo, está claro que lo mejor es volver a los orígenes. Y, por suerte, no sólo en el sector de la aguja y el hilo ocurre esto. Sin ir más lejos –ya no sé si debido al “boom” de las autoediciones o a un cambio radical de estilo-, la música está experimentando este retorno a lo auténtico, a la esencia de sus géneros, a la frescura que hacía falta y que sirve de inspiración a grupos como Asustadizo, que nos dan una lección de buen pop en Nutrición Animal (Molécula Records, 2012).

La banda formada por Rafa L., Hugo, Nico y Rafa Caballero, además de consolidarse –más aún, ya de forma definitiva- en el panorama musical de la escena indie-pop, demuestra en este trabajo que el sentido del humor, cuando se ejerce con conocimiento de causa, resulta tan respetable y digno de admirar –para los más despistados: prestad especial atención al comienzo del disco, a los coros de Jacinto Guerrero- como el más elaborado de los ritmos.

No obstante, la aparente sencillez de algunas canciones de Nutrición Animal –a nivel conceptual, claro está, no vayamos a quitar mérito a la producción y a la composición del disco- es sólo una excusa para acabar metidos hasta la rodilla en el fondo de sus temas, en sus letras –tan inocentes como certeras y punzantes-, en sus perfectas combinaciones de bases electrónicas con, por ejemplo, piano –véase la fantástica Nos Aplaudían- o en sus “loopings” sonoros que surgen de forma gradual, poco a poco, a partir de la suavidad de la percusión –como se puede apreciar en Cura-.

Grabado en Albacete, y producido por Rafa López (DonFlúor), este trabajo de Asustadizo se engancha al subconsciente como las medusas a los bañistas, haciendo que, cuando menos lo esperes, empieces a tararear –la respuesta la encontrarás en canciones como Hemos abierto el melón o Putada Remix-. ¿Será cuestión de brujería? ¿Mensajes ocultos, quizás? Bueno, ni lo uno ni lo otro, más bien se trata de música hecha desde una perspectiva pop (con su necesario toque electro), sin perder la originalidad y sin salirse del camino que, muy acertadamente, marcaron en su día grupos como Ellos, Nitoniko, Dorian…

Si uno sabe qué quiere hacer y cómo, lo hace bien. Para muestra, este grupo. He dicho.

 

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