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Por Vanessa Díez.

Fue el alma del blues, ya lo decía la canción de Presuntos con aquello de Y la música cantó por boca de mujer./Alma de blues/en su voz/ dando vida a la pasión,/triste canción/es su blues/ acaricia una canción./Nadie nunca comprendió/su lucha y su dolor,/nadie como ella sintió/la cárcel y el adiós. Fue condenada a arresto domiciliario una semana antes de su muerte por posesión de narcóticos, era adicta. Estuvo bajo custodia policial hasta su muerte por cirrosis hepática con sólo 44 años. Intentó salir del infierno en el que nació, pero se perdió en el laberinto, aunque los hombres de su vida intentaron salvarla.

Violada a los diez años, acusada de prostitución, reformatorios, adicta al alcohol y las drogas, victima de racismo, cargos por tráfico de drogas, cárcel e inhabilitada para cantar en los clubes de Nueva York, dejándola sin defensa en sus últimos doce años de vida. Ella misma lo contó en su autobiografía Lady Sings The Blues.

Su canción Strange Fruit, un alegato antirracista, fue considerada como la mejor canción del Siglo XX, por la revista Time en 1999. Transmitía a sus canciones una gran fuerza, trasladaba lo sufrido en su vida a sus letras. En alguna ciudad del sur como Mobile (Alabama) fue perseguida hasta salir del estadio, sólo por intentar cantar la canción. A nadie le gusta escuchar la verdad.

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