UA101349465-1

Por Eduardo Boix

Hay muchas películas que tratan la vida de escritores o lo que puede cambiar la literatura a las personas. Sí queridísimos lectores, un buen libro o lo que en él se transmite nos puede cambiar la vida. También es cierto, que algunos profesores a lo largo de nuestra vida consiguen el propósito de hacernos madurar, enseñarnos a pensar, gracias a ofrecernos otra visión de lo que pueden transmitir los libros. La película más representativa de esto, es sin duda, El club de los poetas muertos. En esta obra con la poesía de Withman nos ofrecen una gran moraleja, Carpe Diem se repite a lo largo de la película, aprovecha el momento, haz lo que te haga feliz.

Si hay una película que realmente a mi me haya impactado, tanto por su belleza visual como por su música e incluso por una de sus historias, esa es Las horas. En esta obra confluyen tres historias alrededor de un mismo libro, “Mrs. Dalloway” . La primera historia es la de la creación de la misma protagonizada por una irreconocible Nicole Kidman, que hace el papel de Virginia Wolf. La segunda historia es la de Laura Brown (Julianne Moore), una esposa y madre en Los Angeles a fi-nales de la Segunda Guerra Mundial, está leyendo “Mrs. Dalloway”, novela que encuentra tan reveladora que decide hacer un cambio abrupto en su vida. Concluye con uan tercera historia que es la protagonizada por Cla-rissa Vaughan (Meryl Streep), una versión contemporánea de la Sra. Dalloway de Wolf, vive en la ciudad de Nueva York en la actualidad y está enamorada de su amigo Richard (Ed Harris), un brillante poeta que está muriendo de SIDA.

El personaje de Harris me cautivó. Este actor borda los papeles de artista atormentado. Recuerdo como disfruté viendo Pollock, biopic del reconocido pintor estadounidense. En una escena de la vida del artista su mujer le pregunta que prefiere, si su arte o a su familia. El pintor calla, no se puede definir mejor una respuesta. En Las horas pasa tres cuartos de lo mismo, un poeta atormentado aquejado de SIDA busca ya su final. Debido a los medicamentos se mezclan su obra, la realidad y los recuerdos. Porque un poeta es eso, recuerdos ficcionados o reconvertidos en poemas. Los límites de la creación son tan finos que a veces realmente no sabemos si algo es inventado o es real. Ya lo dice el dicho la realidad supera con creces la ficción. Pero la ficción nos descubre siempre algo nuevo.

 

Share This