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Por Sandro Maciá

Lo del fútbol en este país es digno de admirar –que luego, al reflexionar, cada uno se lleve las manos a la cabeza o ponga el grito en el cielo, ya es otro cantar-. Esta disciplina deportiva, conocida como “el deporte rey” en España, tiene la paradójica cualidad -que al tiempo se convierte en su seña de identidad a nivel sociológico- de permanecer ajeno a modas y estilos con la peculiaridad de que, sin embargo, siempre está de moda y mueve a más millones de personas en el mundo que cualquier fe o creencia de la religión que sea.

Y yo me pregunto: ¿Acaso no querría, por ejemplo, la mismísima Madonna tener tal poder de convocatoria y entrega con sus fans y mover tantos euros como lo hacen algunos clubes de fútbol al rentabilizar sus espectáculos? ¿No sería impresionante que, a nivel musical, se extendiese este tipo de cultura del amor y la pasión por una misma afición?

Evidentemente, está claro que Madonna mataría por esto, así como yo mataría por ver hecho realidad mi sueño de que la música iguale en admiración al fútbol; no obstante, como nada esto ocurrirá, sólo puedo dar las gracias a todos los que el viernes pasado decidieron ir a disfrutar de su afición futbolística a bares, tascas y demás puntos de reunión, porque con su ausencia en La Lonja -sala de conciertos ilicitana de la que soy asiduo asistente- me permitieron disfrutar de un concierto casi privado (no éramos más de treinta personas) de dos grupazos: Polock y Chinese Christmas Cards.

Los primeros, que además fueron también los encargados de abrir el evento, vinieron desde su Valencia natal con una energía y un positivismo –más admirable aún tras la impresión que debieron llevarse al ver la poca afluencia de público- que nos hizo vibrar desde el primer acorde de Sometimes, tema escogido para empezar a templar el ambiente antes de hacer un repaso por casi todas las canciones de Getting down from the trees (Mushroom Pillow, 2010), su álbum de debut, editado ya en varios países.

Juventud, buena planta en el escenario y aires de grandeza (sin caer en la chulería barata) son las tres bazas de esta banda que, pese a su talento -más que demostrado en varios festivales recientemente- quedó en un segundo plano cuando comenzó la actuación de sus compañeros de cartel: los barceloneses Chinese Christmas Cards, que no tuvieron problema alguno para enamorarnos con su look (a medias entre lo “mod” y lo ochentero, con zapatillas náuticas y corbata ancha inclusive) y con cada uno de los temas que interpretaron bajo su característico estilo electrónico-guitarrero.

Dreams, Paperboy -lo mío con esta canción es devoción, lo reconozco-, la inédita (discográficamente hablando, en cuanto a edición comercial se refiere) Monday Morning o Forest fueron algunas de las canciones que eligieron para presentar su adorable Ep –vale, será cursi definirlo así, pero no hay término que más se acerque a lo que en mí despierta este trabajo-, titulado Barcelona (Mushroom Pillow, 2011).

Si los de Valencia derrochaban energía, los catalanes irradiaban estilo en una noche en la que no podemos dejar de destacar la entrega de ambas bandas -que no se contuvieron lo más mínimo pese al reducido número de asistentes-, permitiéndonos disfrutar de su talento de una forma íntima y cercana, sin que por ello los Chinese perdiesen ganancia en su amplia y variada gama de sonidos o los Polock dejasen de ser tan enérgicos como siempre.

 

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