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Por Eduardo Boix

La programación televisiva de la noche es soporífera. Pocas cosas se salvan. Siempre tendemos a recurrir al DVD, pero a veces no nos queda otra opción más que el zapping. El sábado pasado entre canal y canal ví que estaba programada para las 23 horas la serie Crematorio, basada en la novela del mismo título de Rafael Chirbes, en canal +. Mis editores y amigos Antonio y Charo me dijeron que era muy buena, que no entendían como la radio televisión pública valenciana había sido capaz de subvencionar tal obra, los acontecimientos no les quitan razón. Probamos a verla. A las diez y media de la noche empezaba el primer capítulo. El argumento de Crematorio es la historia de los Bertomeu, una familia que ha conseguido amasar una gran fortuna a lo largo de varias generaciones. Rubén Bertomeu dejó atrás los negocios agrícolas para crear un entramado empresarial que le ha convertido en el hombre más rico y poderoso de Misent. Únicamente en el entorno familiar Rubén Bertomeu encuentra oposición a su manera de entender el progreso.

En estos días en que la corrupción es el tema central de las conversaciones de todos los sitios de reunión, hace que la realidad sea peor incluso que la ficción. Un arranque potente, una factura impecable, una dirección de actores increíble, hacen de Crematorio la mejor serie que se ha realizado en España. Por desgracia el Levante es la zona donde más barbaridades se han hecho y se están haciendo. Nos han construido un infierno de hormigón y cristal, cargándose el único patrimonio que teníamos. Es triste que haya aún gente que siga creando barbaridades sin freno y que estén amparados por la ley, pero es lo que nos ha tocado vivir y es muy valiente contarlo con tanta maestria.

 

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