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Por Eduardo Boix

Si existe el cielo de verdad ahora mismo tiene que haber una juerga de tres pares de narices. Gila, Berlanga y Azcona supongo que habrán hecho de anfitriones en su recibimiento. Me imagino cómo sería su viñeta de mañana donde saldría una comitiva tipo Bienvenido Mr Marshall. Seguro que esté donde esté no le falta el humor. No recuerdo exactamente cuándo comenzó mi devoción por Mingote, supongo que viendo algún periódico y riéndome con alguna de sus viñetas. Lo que su que es cierto es que se nos ha ido un grande de la historieta gráfica española.

Ángel Antonio Mingote Barrachina(Marqués de Daroca) nació el 17 de enero de 1919 en Sitges fue un dibujante, escritor, académico de la lengua, periodista español, pero ante todo fue un irónico cronista de la España que le tocó vivir. La codorniz de Álvaro de Laiglesia y el ABC de Luca de Tena fueron sus casas. Forges ha dicho: “Mingote ha sido siempre un maestro y nosotros alumnos pequeñitos”. Siempre fue preciso e sus viñetas, no dejó títere con cabeza con ese humor tan castizo y universal a la vez que le caracterizaba. Recuerdo siempre su viñeta donde una de las Meninas sale volando. Me parece un guiño precioso a uno de los retratistas más importantes que ha tenido España, como es Velázquez. O sus críticas a los problemas cotidianos de los españoles. Es triste que se nos vayan intelectuales del calibre de Mingote, porque no sobra ninguno. Era de otro planeta el mismo lo decía: “Provengo de esa constelación, sí, llamada Trabaja, Idiota, y No Pares. Jajaja. ¡Qué barbaridad! Pues tendré que parar. Ya me parará, supongo, la fisiología. De un momento a otro, de un momento a otro, pero bueno; es lo que toca. ¿Invicto? Jeje”.

Dicen que se ha despedido con una sonrisa y rodeado de los suyos. Su mitad y esposa Isabel Vigiola, su hijo Carlos, su nieto Pablo… su familia, a la que adoraba. La vida le ha vencido en el Hospital Gregorio Marañón, donde llevaba ingresado desde hace unos días, y se despertó un par de veces para despedirse de los suyos. Me lo imagino despertándose y diciendo a su mujer alguna gracia. Es una pena que no nos podamos despetar y desayunar con sus chistes. Solo nos queda recordar a otro de los grandes. Seguro que sus amigos se lo están pasando en grande. Descansa en paz maestro.

 

 

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