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Por Eduardo Boix

Cuando somos pequeños, unos bebes tan solo, lo primero que queremos descubrir es nuestro cuerpo. Los confines de nuestro cuerpo acaban en los dedos de los pies. Así es como poco a poco creamos un mundo basándonos en comparativas con nuestro propio organismo. La madre es una gran maestra en esta exploración, nos baña, nos acaricia, nos besa, hace que vayamos adquiriendo sensaciones ajenas, jamás conocidas ni experimentadas, que acabarán escribiendo en nuestra memoria un diario sensorial para marcar nuestro territorio emocional.

En Diario de un cuerpo su autor Daniel Pennac, nos cuenta la vida de su protagonista a través de las marcas y los achaques que deja su cuerpo. Con la precisión de un relojero suizo Pennac, nos adentra en la vida de un ser marcado por los dolores, las aprensiones, la muerte de seres queridos, la vida en definitiva. En esta obra tan maravillosa como ambiciosa a partes iguales, el autor construye con maestría donde el amor por la vida es una de sus principales bazas, las cosas exteriores a su propio cuerpo quedan en segundo plano, casi invisibles.

Diario de un cuerpo podríamos denominarlo como un canto a la amistad. El supuesto autor del mismo, nos adentra en un universo que nada más arrancar nos presenta a un amigo/hermano imaginario al que enseña, lo que él debe aprender. “No volveré a tener miedo, no volveré a tener miedo, no volveré a tener miedo jamás.” Este es el arranque de este diario atípico. Lo arranca un niño miedoso de doce años. Un niño que teme a las hormigas, a los espejos, a los niños, al colegio, pero sobre todo a la muerte, a que muera Violette, la mujer que lo ha cuidado desde la muerte de su padre. Y es que el protagonista de esta obra no entiende la muerte. Así que como si de una terapia se tratara, comienza la escritura de este diario, para darle algún sentido a los días de su infancia y del resto de su vida.

Con la lectura de Diario de un cuerpo, Daniel Pennac nos enseña dos cosas. La primera es que las aprensiones, los miedos y las angustias son siempre universales. La segunda y creo yo que más importante, es que lo verdaderamente primordial en un ser humano son sus seres queridos, sean familia o amigos, son el verdadero motor de uno mismo. Diario de un cuerpo es tal vez un tratado anatómico desde las entrañas, desde el dolor y desde la alegría. Pennac ha sabido sacar el alma de las cosas. Ha creado una obra tan física y espiritual difícil de olvidar.

 

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