Drácula.

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por Eduardo Boix

Hasta hace unas semanas los vecinos del ático deambulaban solos de noche, daban miedo. La comunidad permanecía pendiente de sus movimientos. Nadie conocía nada de sus vidas y siempre que nos los cruzábamos por la escalera les evitábamos, creíamos que eran vampiros. Cada vez que mi padre subía con ellos en ascensor venia y me decía: Mira que son raros ella parece una bruja y él un no muerto.

A lo largo de mi vida la figura de Drácula me ha perseguido, no para morderme, sino para ser un rasgo más de mi personalidad. De pequeño mi abuela me llamaba Draculín, debido a que poseía unos prominentes colmillos. En las tardes de merienda aprendí a contar con el conde Draco, tenía una manía obsesiva, y es que este Drácula simpaticón lo contaba todo: murciélagos, ronquidos, … Así aprendimos a contar todos los niños de mi generación. Creo que se transformaba en murciélago con una explosión de humo. Con más edad fui fan de la saga el pequeño vampiro de la autora alemana Angela Sommer-Bodenburg. Años más tarde descubrí a Bela Lugosi y a Christopher Lee, realmente me dio más miedo el primero que el segundo. Christopher Lee tenía presencia, pero Lugosi poseía la maldad en la mirada. En 1980 un director español que se llamaba Iván Zulueta estrenó Arrebato, película de culto que trató el tema de los nuevos vampiros, los heroinómanos. Ahora desde la distancia, creo que se equivocaron de personajes, ya que más que vampiros parecían zombies. Zulueta fue un gran admirador de la figura del vampiro, ya que varios de sus cortometrajes tratan sobre estos. Con el tiempo Coppola intentó hacer su propio vampiro eligiendo a un magnífico Gary Oldman en el papel de Vlad e incluso Tom Waits tuvo un gran mini papel. A pesar de que la película era bastante fiel al libro de Stoker y que revisionaba el mito haciéndolo más aristocrático si cabe, no tenía la fuerza de Bela Lugosi, eso sí está película tuvo uno de los finales más románticos de la historia del cine cuando él le dice a ella: “Nuestro amor es más fuerte que la muerte. Dame paz”.

La comunidad disfruta de unas tranquilas navidades sin los vampiros. Parece que aquellos vecinos se fueron con sus sombras y su sangre. A veces cuando vemos sombras creemos que son ellos y nos aterrorizamos. Nunca me fijé si se reflejaban en los espejos.

Fue publicado en El Perseguidor del Diario de Avisos de Canarias.

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