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Por Eduardo Boix

¿Os imagináis queridos lectores que de repente la televisión se vuelve en blanco y negro, sale el ex ministro Arias Navarro y con un amplia sonrisa anuncia: españoles, Franco ha vuelto?  Cada cual tendría su reacción, unos de pavor otros, tal vez llorarían de la emoción. Sin duda esto no dejaría indiferente a nadie. Hoy arranca ARCO y parece ser que este año la feria viene con más polémica que nunca.

Eduardo Merino es un artista que no deja indiferente a nadie.  Hace dos años sorprendió en la feria con colocando a un rabino sobre los hombros de un sacerdote, que rezaba de rodillas sobre la espalda de un imán tumbado, la tituló Starway to heaven y la vendió por 45.000 euros. Para este año tiene un nuevo invitado a la cocina donde prepara los platos más polémicos de una feria a la que le ha cogido el punto: Francisco Franco.  En Always Franco ha metido al dictador en un frigorífico decorado con el diseño de Coca-Cola. “Franco sigue siendo noticia, no ha desaparecido. Está más de moda que nunca con la ley de Memoria Histórica, Garzón y el Diccionario Biográfico Español”, explica Merino, que nació unos meses antes de que el generalísimo muriera. “Al principio barajé incluir a Mao Zedong, pero no funcionaba tan bien. Franco en una nevera es la imagen de su permanencia en nuestra cabeza”. Sobre la figura del dictador cree que España no ha sido capaz de superarla. Propone una curiosa acción: “Que presten imágenes de Franco a los artistas para que las denigren a placer”. Pero reconoce que un pueblo que esconde sus miedos no está preparado para hacer algo así. “¿Crees que alguien me dejaría hacer una pieza en una de las habitaciones de El Pardo? Eso es intocable. Estamos en un país de intocables”.

La figura no deja indiferente a nadie.  Látex, poliéster, pelo humano.  Es tan real que asusta.  Imaginaros que la compráis y todas las noches al ir a orinar, os la encontráis así, inerte.  En tiempos de crisis la polémica puede aumentar las visitas en ARCO, los organizadores lo saben y el artista realiza un doble mortal. Ahora que se quitan los Francos de las plazas, ¿os imagináis que empiezan a venderse y acaban poblando, chalets u oficinas? Ya solo faltaría que apelando a su apellido su mujer acabara en una cámara de helados.  Chistes aparte, los límites del arte son infinitos.  A las pruebas me remito.

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