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Por Sandro Maciá

A los blancos, a los negros, a los altos, a los flacos, a los ricos, a los pobres… Si hay algo que nos haga iguales ante la aventura de vivir es, por desgracia, el final de esta: la muerte. De ella se ha escrito, se ha filmado, se han dado conferencias, se han hecho teorías y hasta religiones; no obstante, como la realidad siempre acaba superando a la ficción, el fin de nuestro paso por este mundo nunca deja de sorprendernos, por mucho contacto que hayamos tenido con él.

Por eso, ayer, un día que en casi toda España se presentó lluvioso y gris, no pocos se sorprenderían al conocer que las garras de esta fuerza sobrenatural se han llevado de nuestro lado al líder del mítico grupo de la Movida Madrileña Los Zombies, Bernardo Bonezzi, a sus 49 años.

Sin embargo, aunque hay detalles que no pueden omitirse -como que el cuerpo del autor del himno ochentero Groenlandia fue hallado a mediodía en su domicilio y que habrá autopsia-, este músico, un artista entregado al mundo de la melodía y la letra como quedaban ya pocos, no merece que su recuerdo verse en torno a estos términos.

Él, el “zombie” más carismático del Madrid que despertaba a ritmo de pelos de colores y pitillos fluorescentes, se ha ganado el privilegio de formar parte de nuestra cultura contemporánea. Y así debe ser recordado, como el ganador de un Goya por la banda sonora de ‘Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto’ , como el autor de más de 40 bandas sonoras de películas, como el responsable de que todos tarareáramos durante años las sintonías de la serie Farmacia de guardia, o, por si lo anterior no fuera bastante relevante, como un creador incansable que, hasta el último momento, se dedicó a lo que mejor sabía hacer: componer –véase su disco más reciente, Esencias (2012)-.

Que se le habrán quedado mil y una cosas por hacer, no lo dudo. Que la alegría y el desenfado que sembró a lo largo de casi medio siglo se echará de menos, tampoco. Pero, por desgracia, la última palabra, la réplica final, no es cosa de humanos. De otro modo, ¿cuántos no habríamos hecho lo imposible por evitar que, como tantos grandes, Bonezzi no dejara este mundo?

 

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