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Por Eduardo Boix

Todo amante de las letras tiene su librería. Tanto en las grandes ciudades como en los pueblos pequeños, uno busca el sitio donde mejor cumplan sus deseos lectores. En estos tiempos en que las grandes superficies lo pueblan todo es complicado encontrar librerías pequeñas, donde el trato es personalizado y el librero se conoce cada palmo de su establecimiento. En la novela La caverna de José Saramago descubrimos un alegato por la supervivencia del artesano, ya que es importante que la sociedad no se convierta en una máquina que tan sólo construya grandes almacenes donde todos compramos lo mismo, vistamos igual y nos alimentamos con los productos que fabrican especialmente para nosotros.

En la ciudad en la que vivo hay una parte de la población que pide insistentemente que monten una FNAC, otros como yo vemos peligrar el esfuerzo y el trabajo de profesionales que cada día intentan mantener sus librerías. Reconozco que yo mismo soy asiduo a esa cadena de centros comerciales, pero no tiene ni punto de comparación con el trato personalizado que puede dispensar un librero de los de antes. Este tipo de profesionales es, a mi entender, la persona que tú le dices un tema y él pacientemente te va sacando de las estanterías, las distintas opciones que puedes llevarte. No hace mucho yo estuve una hora con Paco Trigueros, mi librero, hablando de libros sobre la familia y estuvo sacándome títulos desde Philip Roth a Paul Auster.

Me gusta pasar tiempo en las librerías. Ver a las madres comprar los libros de lectura obligada por las escuelas e institutos. Ver a las parejas que buscan un título para un posible regalo. Encontrarme con algún amigo escritor buscando su libro y preguntando como van las ventas. Da pena apreciar que las librerías se llenan por el inicio del curso escolar, por Sant Jordi o por Navidad, el resto del año son como una figura en la niebla donde la mayoría de veces se llenan porque va la gente a refugiarse del frío, de la lluvia o del sofocante calor de agosto. Pero no nos quedemos en eso. Una librería es algo más. Un territorio donde explorar y buscar. Un lugar donde el librero es un mago que satisface los deseos, ya que tiene algo de magia ver a un librero ordenar o colocar sus estanterías.

 

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