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Por Vanessa Díez.

El sábado recordaban a este entrañable actor en Cine de barrio de mano de dos de las actrices que habían trabajado con él en la película Los tramposos (1959), Laura Valenzuela y Concha Velasco, aquella en la que unos jóvenes Tony Leblanc y Antonio Ozores sacan las cosas hacia adelante mediante trampas y engaños, tras pasar por un encierro forzado, por ellas consienten en volverse decentes. Los humildes se conforman con poco, pues como emprendedores que eran triunfan en el sector de los viajes y aceptan acabar trabajando para la gran compañía que los consideraba competidores, vida más tranquila y sencilla, pero más feliz con sus chicas. Concha Velasco recordaba que coincidió con él por primera vez en la película “Las chicas de la Cruz Roja”. Destacó el gran “talento” y la gran “luz” que tenía el actor, que no necesitaba quitar el foco a nadie para brillar como artista. Además desarrollaba otras inquietudes artísticas como componer canciones o poesía, por ello existe un poemario sin terminar. Fue campeón de España de claqué, galán y primer actor. De las manos de Concha recibió el Goya a toda una vida, que llegó tras ser recuperado en “Torrente” por Santiago Segura, nunca habrá tenido mayor acierto, pues los que hemos crecido revisionando las películas de Tony siempre le estaremos agradecidos.

Quién no recordará aquel personaje parapléjico con las estampitas con las que engañaba al avaro que pretendía aprovecharse de un desvalido sacando tajada o aquel quiosquero rojo en Cuéntame cómo pasó, el querido Cervan que revolucionaba tan sólo la tertulia del bar del barrio. Su primera y segunda época, pues nadie como él para demostrar que aunque el destino te coloque grandes piedras en el camino con fuerza y tesón se puede volver. Un grave accidente de tráfico en 1983 le apartaría del teatro, pues había dejado el cine al complicarse una antigua dolencia que le trajo complicaciones . Finalmente consiguió volver a caminar, recuperándose, tras años en silla de ruedas. En aquellos años escribiría su poemario En la otra orilla de mi vida (1987). Más tarde escribiría también su biografía “Esta es mi vida” en 2005.

Entre los premios recibidos: la Medalla al Mérito en el Trabajo (1980) tras su primer retiro del cine,Premio Goya de honor (1993),Premio Goya a la mejor interpretación masculina de reparto por Torrente, el brazo tonto de la ley (1998),Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes,Premio de Interpretación del Sindicato del Espectáculo,II Premio Nacional de Teatro “Pepe Isbert”, Medalla de Oro de AMITE (2010),Estrella en el Paseo de la Fama de Madrid (2011) y Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo (2012).

Como galán, como pillastre, como quiosquero… todos le recordaremos en alguna de sus facetas. A sus noventa años un ataque al corazón nos lo ha arrebatado. Él que luchó tanto durante toda su vida, su trabajo es la mejor muestra, a través de sus películas podremos recordarle y seguir riendo, pues sabía cómo transmitir, sentía lo que hacía, su talento era grande. No le tenía miedo a la muerte, en una entrevista hace un año lo decía, además de asegurar que quería que sus cenizas estuvieran alrededor del Museo del Prado, pues en aquel edificio nació, vivió y trabajó.

 

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