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Por Eduardo Boix.

Echo de menos los cines del centro de la ciudad por lo que significaban. Era lugares enormes, con una mezcla de olores intensos a ropa vieja, polvo, palomitas, aromas que se quedaron en la memoria colectiva de mucha gente. Altamira, Capitolio, Alcázar, son los nombres de aquellos templos de la diversión de mi infancia y adolescencia. La irrupción de los grandes centros comerciales dejó que muriese una forma de ver cine, algo que no regresará.

Fue en el mencionado cine Altamira donde vi la tercera parte de una saga que siempre me ha fascinado. Esa película era Indiana Jones y la última cruzada. Harrison Ford y Sean Cornery eran los protagonistas, dos arqueólogos a la busca de uno de los elementos más preciados de la mística. Anteriormente, gracias al videoclub de la urbanización donde veraneaba con mis abuelos, pude ver Indiana Jones y el Arca perdida, en esta se relataba la búsqueda de aquel arcón donde Moisés guardo las tablas de la ley de Dios.

Si hay un héroe que englobe casi todos mis gustos ese es Indy, como se le llama coloquialmente. Las aventuras del arqueólogo americano están mezcladas de misterio, historia y aventuras. Siempre va en busca de alguna reliquia misteriosa o que forma parte de la leyenda. Desde que vi la primera tengo una enorme curiosidad por el Arca de la Alianza. Nunca se sabrá si era un simple cajón o era una especie de batería que creaba energía.

La última película de Indiana Jones, la vi en una sala impersonal del multicine que hay en el centro comercial de mi ciudad. No sentí la misma fascinación que me produjo la tercera. Aparte de que Harrison Ford está mayor, no era lo mismo, la introducción de un sucesor del ya anciano arqueólogo hacia que cojease todo. Yo y creo que todos los espectadores esperábamos ver saltar a Harrison Ford, pero evidentemente, la edad no perdona, todos al final tenemos que claudicar.

No concibo mi infancia sin aquellos cines gigantes, ni sin Indiana Jones. Ese mundo misterioso creo que es lo que ha forjado mi gusto por la historia y por el saber. Este tipo de cine es ideal para que los niños y adolescentes, mientras disfrutan, puedan aprender. Como echo de menos aquella infancia y aquellas salas inmensas. Pero eso ya no volverá.

 

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