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Por Vanessa Díez.

Ha sido la primera vez que el Goya de Honor se entrega antes de la gala. Todos los nominados en el patio de la Real Casa de Correos de Madrid han aplaudido a la galardonada. Una de las pioneras tras las cámaras de cine, ya que en aquellos años era un oficio sólo para hombres, directora de cine comprometido con su tiempo, de reflexión. Josefina Molina ha recibido el Goya de Honor de manos del presidente y la vicepresidenta de la Academia de Cine, Enrique González Macho y Judith Colell. “Sé que estoy aquí en representación de muchas otras mujeres de mi generación”. Su vocación llegó pronto, tan sólo era una adolescente que dejaba volar su imaginación en las sesiones de los cine clubes. «El Río», de Jean Renoir la alcanzó. «En aquella película, la observación tenía mucha importancia, como el devenir de la vida. Me pareció el arte total: contenía literatura, imagen, música, colores. Todo me impactó tanto que, de repente, me di cuenta que la persona que estaba detrás de la cámara tenía una importancia muy grande». Muchas otras le llegarían al corazón o a la capacidad de reflexión. Conectaría con cineastas como Truffaut, Visconti o los maestros del cine americano.

Como en su Córdoba natal no era posible realizar su sueño emigró a Madrid, allí estudiaría en la Escuela Oficial de Cine, sería la primera mujer que consiguió graduarse en la dictadura (1969). Además estudió Ciencias Políticas, y fundó el Teatro de Ensayo Medea en su ciudad natal, en el que dirigió varios montajes. Una mujer luchadora que trazó un camino sin ver diferencias ya en aquellos años “Me he considerado igual que un hombre. Tenía mis necesidades de autonomía y la libertad económica suficiente para tomar los caminos que eligiera. Una mujer no tiene por qué hacer menos que el hombre. Pero sí tenemos un punto de vista particular que está alimentado por nuestra experiencia vital. En efecto, en mi generación era muy difícil compaginar la vida privada con la profesional”. Para ella detrás de la cámara ninguna mirada es la misma, sea de hombre o mujer, “ni la mirada de todos los hombres es igual, ni la de las mujeres tampoco. A los hombres se les individualiza. Nunca se hablará igual de Almodóvar que de Berlanga. Serán dos individualidades con estilos distintos y una obra personal. A nosotras se nos mete en el cajón de mujeres directoras, como si fuéramos un colectivo que tuviera una uniformidad. Pero no es así. Tenemos nuestras particularidades y cada una ve el mundo a su manera. No puedes comparar a Isabel Coixet con Icíar Bollaín. Son dos estilos distintos”.

Su rodaje daría forma en TVE en programas como Estudio 1. Debutaría con “Vera, un cuento cruel” en 1973. En “Función de noche” contaría con Lola Herrera. En el 77 dirigió la versión para televisión de “El camino” de Miguel Delibes, protagonizada por Amparo Baró. En 1984 realizó “Teresa de Jesús”, la serie sobre la santa de Ávila que protagonizó Concha Velasco. En 1989 dirigió “Esquilache”, basado en la obra de Antonio Buero Vallejo “Un soñador para un pueblo” sobre el gobierno de Carlos III, con Fernando Fernán Gómez, Adolfo Marsillach, Amparo Rivelles o Concha Velasco. “Lo más natural” (1990), con Charo López y Miguel Bosé, y “La Lola se va a los puertos” (1993) con Rocío Jurado y Francisco Rabal no tendrían tanto éxito. Serían sus últimos trabajos. También dirigiría teatro.

En 2006 fundó CIMA (Asociación de mujeres cineastas y de medios audiovisuales) junto con otras cineastas como Inés París, Chus Gutiérrez, Icíar Bollaín o Isabel Coixet. Es su presidenta de Honor. Reconoce que el cine es un oficio muy duro y a partir de cierta edad los reflejos y la capacidad no son los mismos. Deja paso al relevo generacional. Mujeres con talento y capacidad de análisis. La curiosidad no se pierde; pero ahora sus intereses son otros.

 

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